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Por qué hay que soñar

Han sido nueve meses. Largos. Y muchas horas de trabajo, muchas tardes y fines de semana dándole vueltas a las ideas, dibujando, programando, diseñando… Todo un embarazo, de los duros, pero es de esos que se asumen a sabiendas de que, al final, lo verás recompensado. Así que hoy soy más feliz, porque hemos parido un sueño. Pequeñito, pero un sueño. Y, joder, siempre que se cumple un sueño (de los buenos) hay que celebrarlo y sentirse bien.

No sé si alguna vez te ha pasado, pero a veces las personas tenemos la necesidad de hacer algo distinto, de crear, de inventar. A mí me ocurre a menudo. En parte, mi trabajo consiste en eso, en ir inventando cosas, de modo que prácticamente a diario satisfago esta necesidad. Sin embargo, hace mucho tiempo que no me resistía a otras dos inquietudes: reivindicarme a mí mismo (no sé como qué, pero reivindicarme) y hacer algo por los demás. De modo que engañé a varios amigos y estafé a algún que otro familiar para que me echaran una mano. Y así nació Cuéntalo.

No es una web normal, ni un periódico on line, ni es una red social ni una plataforma de denuncia. En cuentalo.es no queremos competir con los medios ni alcanzar 500 millones de usuarios. No queremos gran influencia política ni poder mediático. Lo que queremos es reivindicar la información como servicio público al servicio de los ciudadanos. Defender el papel social de un medio de comunicación poniendo a los ciudadanos por encima de cualquier otro interés. Cuéntalo es como un periódico de los de antes, con todo lo que puede darnos la tecnología de ahora. De aquellos que hacían de la calle y de la independencia sus banderas. Por eso queremos que haya ciudadanos que nos cuenten lo que les pasa y periodistas que los ayuden. Periodistas, también, de los de antes.

No sé lo que pasará, pero sí lo que quiero que pase. Cuéntalo no nace para ganar dinero. No hará rico a nadie. No tendrá empleados, sino periodistas que, con mucha voluntad y vocación (y espero que, en un tiempo, con una nómina decente) contribuyan a construir un periodismo nuevo. Menos encorsetado, menos plegado, menos politizado, más comprometido con la verdad y con la sociedad para quienes trabajan. Permitirá que las personas, que es para quienes existe esta web, conozcan otro camino: un sentido real del espíritu crítico, que no es sino aquel que empieza por cuestionar lo que uno mismo cree.

Cuéntalo servirá además para devolver a los ciudadanos lo que nos den, porque todos sus beneficios (los posibles) se destinarán íntegramente a fines sociales. Por dos razones: la primera, porque, en mi sueño, este proyecto contribuía a construir un mundo mejor ayudando a los peor tratados. La segunda, porque no hay mejor camino para no pecar que alejarse del pecado, y si Cuéntalo quiere ser independiente de verdad debe rechazar de plano la posibilidad de ganar dinero, la posibilidad de terminar vendiéndose a otros intereses.

Es posible que todo se quede en nada, que no haya salto adelante, ni éxito, pero nunca me sentiré fracasado. Llevo paseando, desde el miércoles, 27 de abril de 2011, una enorme sonrisa. Porque vuelvo a creer en el Periodismo y porque sé por qué hay que soñar: Los sueños, a veces, se hacen realidad.

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Periodismo ciudadano. Una hoja de ruta (y III)

¿Se puede sacar algo en claro de las entradas anteriores de esta ‘hoja de ruta’? Sí, ya sé que me enrollo demasiado. Me han llovido las críticas. De modo que voy a tratar de resumir esquemáticamente en qué punto nos encontramos y cuáles son las perspectivas de futuro. A ver si, efectivamente, conseguimos sacar algunas conclusiones.

– Las redes sociales y, en general, el universo 2.0 han transformado la comunicación tal y como la conocíamos. Los canales de información han cambiado,y con ellos el flujo de la información. La cadena un emisor – múltiples receptores ha dado paso a un ciclo: múltiples emisores – múltiples receptores que alimentan la información y se convierten en nuevos emisores del mensaje.

– Los mass media, o medios de comunicación de masas (prensa, radio y televisión), siguen teniendo una importancia relevante. Sin embargo, cada vez cobran más valor los social media, o medios sociales: los nuevos medios de comunicación en los que la información fluye de forma circular, como expresaba arriba, y no de manera unidireccional. En esencia, se caracteriza por la participación activa de los receptores, que difunden y alimentan la información.

– Los medios tradicionales, y especialmente la prensa, son prácticamente insostenibles económicamente. El desolador panorama que ha dejado la crisis no ha sido sino la puntilla para un sector que estaba ya en peligro de muerte. La tesitura lleva muchos años aprovechándola la clase política, que a golpe de talonario (del erario público, of course) viene comprando la verdad -o más bien la mentira: “Si sacas esto no hago esta campaña contigo”, o “Saca esto y te coloco 100.000 euros en publicidad”. Cosas así.

– Como consecuencia de esta -creo- suicida actitud, y sin olvidar tampoco el marcado carácter partidista de muchos medios y de los propios periodistas (cada vez me asombra más la capacidad de simbiosis de los profesionales con el medio en que trabajan), el periodismo ha alcanzado un nivel de descrédito desconocido hasta ahora. La información periodística se pone en cuarentena per se, de forma que cualquier noticia tiene más valor para el público que aquella que proceda de los medios de comunicación.

– Al descrédito del periodismo se une su marcado y progresivo alejamiento de la realidad. El ciudadano entiende que los periódicos no cuentan lo que ocurre, sino aquello que los políticos o las instituciones les dicen que ocurre. No atienden a lo que les afecta de verdad, a sus inquietudes, a la realidad. La razón es que, debido a sus problemas económicos, los medios disponen de pocos profesionales, la mayoría mal pagados, de modo que el trabajo periodístico se limita prácticamente a la difusión de comunicados y a declaraciones en ruedas de prensa.

– Los social media son fáciles de usar y gratuitos. El acceso a las redes es prácticamente universal en el primer mundo. Conseguir una foto o un vídeo de cualquier acontecimiento es tan simple como apretar un botón. Solo hay que apretar otro para compartirlos con el mundo. La infraestructura para que cualquiera pueda informar es un hecho. El resto, animar a los ciudadanos a que lo hagan, lo han conseguido los propios medios con su actitud. Por eso surge el periodismo ciudadano.

– Los medios tradicionales deben ser conscientes de que esta situación es imparable. De nada sirve echarse las manos a la cabeza. Tan solo les queda cambiar, cambiar y cambiar, aportando aquello que solo pueden aportar los profesionales: calidad, investigación, profundidad y sobre todo veracidad.

El periodismo ciudadano es la natural consecuencia de toda esta situación, pero no creo que sea una alternativa, sino más bien un complemento.

– No lo ejercen profesionales de la información, lo que supone que el periodista ciudadano carece de la formación y experiencia necesarias para el ejercicio de un periodismo riguroso. No basta con buenas intenciones para ser un buen periodista.

– En muchísimos casos, el periodismo ciudadano se ejerce desde posiciones activistas, y por tanto tiene un carácter sesgado ‘en origen’. El informador no siente la obligación (tampoco se ha formado para ello, como decía antes) ni el interés por consultar todas las fuentes antes de comunicar. Esto propicia la aparición de noticias con información parcial, cada cual de su padre y de su madre, siempre según la perspectiva del periodista. Es una importante merma de la objetividad, por no mencionar el problema que supone la aparición de tantas noticias como versiones de un mismo hecho.

Así que, como en todo en la vida, cada uno tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, y, como en todo en la vida, probablemente en el término medio se encuentre la virtud. Sumar lo bueno, y solo lo bueno, de cada parte, no es inviable. Es lo que alguno, y yo mismo, ha llamado periodismo colectivo, donde el trabajo de los periodistas ciudadanos es supervisado por periodistas profesionales. En el periodismo colectivo, el diálogo y la compartición de conocimientos y datos enriquece y actualiza las noticias. El periodista profesional se convierte en una especie de tutor del periodista ciudadano, que también ejerce como una valiosa fuente de información. El objetivo de este trabajo conjunto es simple: velar por la máxima veracidad e interés real de la información. Enriquecer y revalorizar el periodismo como el mejor garante del derecho a la información.

¿Cómo conseguirlo? Son necesarios dos elementos: una plataforma adecuada, por un lado, y la garantía de que el sistema no se va a pervertir por intereses políticos y/o económicos que terminen corrompiendo la información. Dos conceptos sobre la mesa: tecnología y altruismo. ¿Es posible? Apuesto a que sí.


Periodismo ciudadano. Una hoja de ruta (II)

El mundo ha cambiado. Ya nadie lo duda. Los últimos acontecimientos en Egipto o Turquía han terminado dando las últimas vueltas de tuerca a la situación y todos somos conscientes de que la irrupción de las redes sociales en la vida cotidiana está propiciando ‘algo’, un cambio incierto pero que, seguro, será importante. Mejor: trascendental.

Si en el siglo veinte los medios de comunicación de masas (mass media) transformaron el concepto de vida y de sociedad existentes hasta entonces, el siglo XXI es ya el de los medios sociales (social media), que lo han revolucionado -y lo que queda- todo. Los smartphones, Facebook y Twitter son hoy al social media lo que fueron el televisor y la televisión para la comunicación de masas: un instrumento, un canal único con el que transmitir un mensaje a una cantidad ingente de personas anónimas. Sin embargo, las posiciones cambian radicalmente en las redes sociales. Ya no se trata de único emisor, y casi ni siquiera podemos hablar de receptores anónimos. En los social media hay miles de emisores que cumplen además la función de receptores. La comunicación se democratiza a la vez que se complican sus mecanismos tradicionales.

Pues bien: en esta tesitura, hay aún quien no se cree que el periodismo tal y como lo conocemos va a cambiar, y de forma radical. No se trata de una condición, sino de una obligación. O se producen movimientos a gran escala o el periodismo pasará a la historia. De poco sirve agarrarse al pasado cuando el futuro ya es parte del presente, y no hablo exclusivamente de los formatos. El debate va más allá de si suscripciones on line o no; si aplicación para dispositivos o no; si exclusivamente digital o web + papel; si este diseño o este otro; si podcasts o streaming… La clave de todo este cambio es el contenido, no el continente. La información, materia prima para el trabajo del periodista, fluye en el social media (con mayor o menor calidad), donde el receptor se convierte en re-emisor de la noticia después de alimentarla con más datos. Si se hace de forma consciente, con verdadera intención de informar, este ir y venir de mensajes no es sino periodismo. Solo que se le denomina ‘ciudadano’ porque no lo hacen periodistas.

¿Cuál es su papel, entonces? ¿Cuál es el futuro del periodista? No, no estamos en peligro de extinción: el periodista tendrá que seguir informando, aunque asumiendo que existe otra forma de hacerlo. Merced a una peligrosa tendencia hacia la conservación de su estatus a costa de todo, incluso de la propia esencia del periodismo, los medios de comunicación se han erigido, como decía, en uno de los poderes con los que hay que ser contestatarios, como consecuencia de su credibilidad cada vez más baja. Los intereses económicos y la ‘subvención’ permanente por gobiernos y partidos políticos, cada cual según su color, han propiciado un periodismo basado en la manipulación y, en algunos casos, en la mentira. Pero la información ya no es propiedad de nadie: se distribuye libremente en los social media. Los ciudadanos lo saben y actúan en consecuencia. La reacción de los medios tradicionales no debe hacerse esperar. El digno ejercicio de la actividad empresarial, o sea, ganar dinero, no debe estar reñido con la calidad ni mucho menos con la esencia del periodismo: la verdad. Un periodismo riguroso, objetivo, en profundidad, analítico. Un producto por el que se quiera pagar dinero (aunque también habrá quien quiera pagar por leer solo aquello que le agrade o que ridiculice al contrario, que de todo hay).

La noticia en sí misma no es ya propiedad del periodista ni del medio, no es rentable. De modo que solo caben nuevos caminos que pasen siempre por hacer una información tan buena que el lector esté dispuesto a pagarla. Estoy convencido de que llegará un día en que el periodismo ciudadano tome la alternativa como fuente de información primaria para un gran público que, como dije antes, alimentará las noticias con sus propios comentarios y aportaciones y profundizará en ellas, si quiere, pagando a los medios tradicionales y sus periodistas profesionales.

Sin embargo, ¿existe alguna garantía de objetividad o veracidad en este periodismo no profesional? ¿No se trata acaso de un periodismo con un marcado carácter activista? ¿No es peligroso que ejerzan esta labor ciudadanos sin la formación adecuada? Muchas preguntas y posiblemente pocas respuestas certeras. Trataré de ofreceros mi idea al respecto en la próxima entrega.


Periodismo ciudadano. Una hoja de ruta (I)

Por razones profesionales, cada día me desayuno con algunas decenas de periódicos. Son de todos los colores. Mejores y peores, de izquierdas y de derechas, unos van de frente y otros de soslayo. Sin embargo, algo les une: todos mienten porque ninguno es independiente por más que insistan. Y muchos, además, mienten en muchas más cosas. El periodismo es hoy básicamente un ejercicio de manipulación más o menos creativa. Hay excepciones, como en todo, pero la mayor parte de las historias que nos cuentan hoy los periódicos, las radios o las teles son versiones de la verdad o símplemente la mera transcripción de una nota de prensa, un comunicado o una comparecencia. El periodismo se empobrece por momentos sin que los propios periodistas quieran ni puedan hacer nada al respecto. Hay centenares de ejemplos todos los días que muestran no sólo la comodidad en la que se ha asentado el periodista, fruto posiblemente de una excesiva carga de trabajo y un sueldo ínfimo, sino también, y es lo más preocupante, en la capacidad del medio/editor para la manipulación, las medias verdades o incluso la invención, a cuenta de sus cuentas anuales.

Porque, seamos sinceros, el periodismo se vendió hace mucho tiempo a intereses muy alejados de lo que debería ser su idiosincrasia como servicio al ciudadano. Tanto cuarto poder ha terminado convirtiéndose, a los ojos del mundo de a pie, en un poder real, en parte del sistema y, en consecuencia, con mucho que perder. Y es que el poder, objeto de seducción del hombre desde la Prehistoria, busca su conservación ante todo. Puro instinto de supervivencia que, en el caso del periodismo, está llevándolo a la extinción. Mientras, los ciudadanos, completamente descreídos de los políticos y de los periodistas, empiezan a confiar en sí mismos como fuentes y generadores de información. La universalización de internet contribuyó al nacimiento de los primeros blogs. Los ciudadanos abrían sus puertas al mundo, disponían de un medio de comunicación propio, sencillo y económico, y podían contar lo que quisieran, supieran o pudieran.

Con las redes sociales y se ha producido el estallido del llamado periodismo ciudadano, especialmente en Estados Unidos y América Latina, y de forma muy incipiente en España.
El cuarto poder está camino de ser el primero en ‘democratizarse’ (un concepto muy 2.0), aunque bajo el paraguas del periodismo ciudadano cabe casi de todo. En su nombre, blogs, perfiles de Facebook o páginas webs derraman supuesta información sin interés, subjetiva, o simple opinión. En su nombre, por contra, también hay grandes ejemplos de un ejercicio de periodismo limpio y desinteresado, un periodismo cargado de buenas intenciones al que, eso sí, le faltan aún algunos elementos esenciales para ser periodismo de verdad: calidad en la redacción, escrupulosidad con la información, fuentes contrastadas… Le falta método, al fin y al cabo, que es el objetivo último de la formación y la praxis del periodista, aunque el propio periodista lo haya olvidado. En los próximos días dedicaré una o dos entradas más del blog a profundizar sobre lo que está pasando y puede pasar con el periodismo tradicional y ofreceré una perspectiva, muy a mi manera, de lo que debe ser y hacia dónde debe ir el periodismo ciudadano, si es que realmente ese es el camino que hay que seguir para que la verdad vuelva a nuestras vidas.