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¿Dónde está Buffalo Bill?

Buffalo Bill, Toro Sentado, Calamity Jane y demás fauna vinieron después. Antes, su mundo se separaba entre el este (sinónimo de civilización, progreso y cultura) y el oeste: lo que había más allá de la frontera. Terreno inhóspito, lejano y salvaje. Era la Norteamérica del siglo XIX, donde y cuando se forjó la leyenda de los Estados Unidos. Donde y cuando, a fuerza de sangre y fuego, el lejano oeste fue quedando cada más cerca, y lo salvaje se civilizó.

En Europa, el sur ha sido siempre nuestro particular far west. Norte y Sur. Progreso y subdesarrollo. Dos velocidades y un distanciamiento progresivo. Pura física. La propia UE ha tratado de corregir esta situación a golpe de talonario: Fondos que viajan de los bolsillos de los más ricos a los de los más pobres y de los que se ha beneficiado, por ejemplo, Andalucía durante un montón de años.

Sin embargo, como en una muñeca rusa, dentro de la región pobre hay otra región pobre, y dentro de esta, otra más. A veces siento que en Huelva estamos dentro de la pequeñita del todo. Ahora, aunque las diferencias entre norte y sur continúan, se está abriendo una nueva brecha entre el este y el oeste. Entre una muñequita rusa y la que le sigue. Así, el salvaje oeste se va haciendo aún más salvaje cuanto más se civiliza el este. Y lo mismo en el norte y el sur. Lo chungo de verdad es que nosotros, queridos onubenses, estamos al sur y al oeste.

Si echas más harina en el lado que más pesa de la balanza, el desequilibrio crece. Esto también es pura física. Así que no termino de entender cómo Huelva ha quedado tan absolutamente aislada en el reparto de la tarta europea del transporte. Los corredores Mediterráneo y Central, la red básica de transporte que determinará el futuro a medio plazo de las regiones europeas, terminan en Sevilla. Como el AVE. Como casi todo.

Ochenta y pico kilómetros, cuatro duros, hacen de Huelva una provincia cada vez más periférica, cada día más amputada, más abandonada en cada plan de inversiones. Más fronteriza. Somos el viejo oeste de Europa, de España y de Andalucía. La última muñeca. La última mierda. En los diez últimos años, en todos y en cada uno de ellos, Huelva fue la provincia andaluza en la que se invirtió menos en obra pública. Así que no me vengan con cuentos sobre el equilibrio interregional y la discriminación positiva entre territorios. Diez años de inversiones son un mundo, y las administraciones (de todos los colores) se han encargado de separarnos cada vez más del resto. Envidio los acalorados debates de otras provincias andaluzas: que si metros, que si tranvías, que si circunvalaciones… La mayor disputa en Huelva es sobre una estación de tren fantasma (sí, como en el Oeste) a la que no llegará nada porque nadie nos quiere traer nada. Un paripé en toda regla.

En alguna ocasión os he dicho que no podemos estar permanentemente llorando nuestra pena, dándonos cabezazos contra el muro de las lamentaciones del agravio, sin hacer nada más que eso. No podemos estar así siempre, pero cuando ves que a tu alrededor todo es alegría por el puñetero Corredor Mediterráneo mientras tu provincia se muere del asco, del aburrimiento y la frustración. Cuando ves eso, digo, te entran ganas de subirte al Santuario de la Cinta a rezar para que, algún día, podamos votar a un político decente, comprometido y luchador que defienda su tierra. Y no a la panda de calientasillones, pelotas y catetos que van a Madrid todas la semanas (desde Sevilla, claro) con la única intención de codearse con la jet de la política española y comer montaditos en el Museo del Jamón, hasta que engordan tanto que el partido los trae de vuelta, a vivir la vida. Porque Huelva, para ellos, no existe más que en la estadística que los colocará o los quitará de allí cada cuatro años. Toca rezar, decía, para que algún día venga nuestro Buffalo Bill a conquistarnos y civilizarnos. Como en el viejo oeste. Como en el siglo XIX. Así estamos…

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Los hartibles

(léase hartible con hache aspirada)

El de Neferkara Pepy, Pepy II, ha sido el reinado más largo de la Historia. Algunos escritos hablan de más de 90 años de gobierno de este buen hombre, considerado el último gran faraón del Imperio Antiguo de Egipto. Tuvo, sin embargo, el enorme problema de que durante su reinado se produjo una paulatina descentralización del poder central en detrimento de los pequeños gobiernos locales, hasta el punto de que, poco después su muerte, el Egipto de los faraones acabó desintegrado.

Pepy II fue haciéndose mayor y cada vez más débil mientras se desvanecía la herencia de sus antepasados. Cuentan las malas lenguas que tan largo fue su reinado que el personal terminó hastiado de ver las mismas caras y escuchar los mismos argumentos, y que aquello acabó destruyendo el sólido edificio construido durante siglos por los grandes faraones.

Es lo que pasa cuando estás demasiado tiempo en el mismo sitio: que acaban echándote a patadas o terminas destruyéndolo todo a base de aburrimiento. En Huelva tenemos muchos. Yo los llamo ‘los hartibles‘ (en andaluz, con hache de hot). Son como los Gremlins: están en todas partes haciendo trastadas. Siempre los mismos: los mismos rostros, las mismas voces, las mismas palabras, los mismos gestos, la misma historia. Una y otra vez. Desde que tengo uso de razón -y de eso hace ya unos cuantos años- veo a las mismas personas en los mismos o distintos puestos: representantes de colectivos, presidentes institucionales, banqueros, hermanos mayores, afamados periodistas, asesores, políticos… siguen ocupando las fotos de los periódicos o las imágenes de televisión. Joder, es que en esta ciudad tenemos familias enteras que se dedican al famoseo patrio, que saben de todo, que están en todo. Doctores Liendre de la fauna local, otro espécimen interesante del que ya hablaremos en otra ocasión.

Todo esto, que podría ser anecdótico, incluso gracioso, no es sino un enorme saco de arena que contrarresta, y mucho, el esperado despegue de Huelva. El hecho de que las mismas personas protagonicen la vida pública de la provincia lo único que propicia es el anquilosamiento. Siempre los mismos debates, nunca las nuevas ideas. Y así nos va. Si estuviera en mi mano cambiar las cosas, no tendría la menor duda de por dónde empezar: echando a los hartibles de una buena patada en el culo, ese que tan bien apoltronado tienen en sus manidos asientos de cuero negro. El mismo que no mueven nunca, más que para salir en la foto o en las estatuas.

Savia nueva, por favor, que no quiero que acabemos como el pobre Neferkara: Asqueando por manío.


Monumentos y otros fundamentos

Ya he visto a Colón. El monumento, quiero decir. El de la Plaza de las Monjas. Así que ya puedo opinar: me ha resultado pequeñito para lo que esperaba. Por lo demás… pues no está mal. Una figura de calidad, bien hecha. Ahí, con su dedito señalando al mar, vía Vázquez López (hay quien interpreta otras direcciones -véase la viñeta, aquí abajo). Creo que hubiera quedado mejor sobre la fuente, quizás en un pedestal que fuera algo más que un cacho de piedra. En fin: que está bien. A caballo regalado, ya se sabe. Lo mismo pasará con el monumento al Rocío, o a la Virgen del Rocío, o a las hermandades de Huelva (no sé muy bien a qué ente concreto se homenajea con la figura que irá en El Punto). Si es de gratis… oye, pues menos da una piedra. Es que ahora mi problema es otro.

Tenemos monumentos (bustos, estatuas…) a un montón de cosas: Colón, genovés -se supone- que partió hacia América desde el puerto de Palos; el Rocío, grandiosa romería de Almonte; a Juan Ramón Jiménez, moguereño universal; a Paco Toronjo, cantaor alosnero; al fútbol, dado que Riotinto es su cuna en España… La ciudad está monumentalizada, pero curiosamente solo dos de estos nuevos monumentos, hasta donde recuerdo, tienen verdadera relación con Huelva (la capital, entiéndase): la rotonda del marinero, junto al colegio francés, y el nudo de Noja en el Muelle de las Canoas. Precisamente son los que más me gustan.

Es muy de Huelva eso. Presumimos constantemente de provincia: que si gambas y jamón, que si Rocío, Rompido, Bota o Aracena. Realmente es para presumir, pero nos cuesta un enorme trabajo acordarnos de muchas, muchísimas, cosas interesantes de la ciudad. Huelva es posiblemente la ciudad más antigua de la Península (entendiendo ciudad como un asentamiento más o menos fijo de población). Está cargada de Historia, de historias, personajes y leyendas. Es una superdotada por su entorno natural, con paisajes asombrosos que, por vistos, no sabemos apreciar. Alguna vez me he visto en la (agradable) tesitura de enseñar Huelva a algún amigo o familiar, y os aseguro que se han quedado con la boca abierta.

Desde la Isla de Saltés hasta el Conquero, Huelva es un derroche de paisajes y cultura, real y popular, que ni aprovechamos ni vendemos. La abandonada Punta del Sebo, con su impresionante monumento a la Fe Descubridora (le pasa muy por encima al Colón de la Plaza de las Monjas, lo siento), el Santuario de la Cinta y sus impagables vistas, San Pedro (plaza e iglesia)… Vivimos de espaldas al mar, siendo, como somos, una tierra marinera: ni el escurridizo entorno de Marismas del Odiel ni la apacible ría son suficientes para nosotros. Ni siquiera somos capaces de aprovechar las posibilidades turísticas de nuestra industria, un nicho de mercado que viene defendiendo desde hace muchos años el profesor Alfonso Vargas y que ha demostrado en más de una ocasión su increíble potencial.

Quizás podríamos pedirles a esos donantes ciudadanos, onubenses de pro pro-monumentos, que prestaran sus euros para obras seguramente menos pomposas, pero más necesarias, y creo que más rentables, como una restauración en condiciones del entorno del Conquero, una verdadera joya que tenemos, también, abandonada a su suerte y al poder del óxido.

Y si los nuevos mecenas no quieren o no pueden… ahí está nuestro Ayuntamiento, oigan, que podría gastarse en esto su dinerito. Y no en campañas en las que nos cuentan lo buenos que han sido cuando simplemente han hecho lo que es su obligación.


Petroshop

El sábado me topé de frente con el cartelón pre electoral de Petronila Guerrero. Con 20 años menos merced al infalible Photoshop. No pasa nada, oye, es de lo más normal. Son carteles grandes, una tiene que salir bien. Cuestión de imagen. Justo a su izquierda (curioso dato) estaba Perico, con otro medio kilo de Photoshop, esta vez incorporando el muy onubense fondo del Muelle del Tinto. Casi sin arrugas el hombre. Rostro amable, los dos, y palabras de compromiso inconcreto, también ambos.

Total: carteles políticos, al fin y al cabo. Sin embargo, esta vez me llamó especialmente la atención el uso del Photoshop, tan habitual que nunca reparé en ello hasta el sábado, y su cínico paralelismo con la realidad de la política que se está haciendo, no sé si a nivel mundial, pero sí desde luego a escala nacional, y particularmente en Huelva. La política del Photoshop: falsa, manipuladora. Irreal.

Es cierto que aún no estamos en campaña, y que las propuestas concretas se guardan, a buen recaudo, en los portátiles de los asesores de turno, pero a estas alturas ya deberíamos saber lo que piensan los candidatos a la Alcaldía de la capital (al menos, los candidatos con posibilidades reales) sobre Huelva y su futuro. El panorama no puede ser más desalentador.

Perico se mantiene firme en su propuesta de ‘más vale lo malo conocido’. Inmovilidad hasta el infinito. Nada de nuevas ideas, no sea que se altere el statu quo y se le rebelen los onubensistas de pro que se contentan con una procesión y un plato de habas con chocos. Los imagino, tirándose de sus engominados y enlacados pelos, arrancándose pines y medallas, relatando por haberles cambiado un par de actuaciones de feria y un ‘Mi Huelva tiene una Ría’ por, yo qué sé, una conexión wifi en la Gran Vía. Así que no, mejor no tocar nada, que por ahora nos ha ido bien. Puede que no sea miedo lo que tienen. Para colmo, abundan mentiras o medias verdades, como la de que con la venta de Aguas de Huelva se iba a saldar la deuda con los proveedores. Firmamos el talón, sonrisa en la boca: “proveedores, ya os he salvado”. Lo digo porque lo sé: es mentira.

Petronila, por contra, debería presentarse como la alternativa necesaria. La nueva opción, la de las nuevas ideas y proyectos de cambio. Lo está intentando tímidamente, pero no podemos creerla. No, porque sigue cimentando su política en la manipulación y la mentira. La última aparición del AVE en nuestras vidas es una clara muestra de ello: “estará en 2014”, nos dicen, a sabiendas de que es falso, de que ni siquiera se ha licitado la redacción de los proyectos de los diferentes tramos. Y si no está para entonces, aseguran, es porque Perico no consigue los terrenos para la estación que va a construir Adif (y que será, por cierto, la primera estación de tren a la que no llegan trenes, más que nada porque no hay vías). Auto proclamada firme defensora de Huelva y los onubenses, aunque ni siquiera conocía la ciudad más allá del camino entre Aljaraque y la Gran Vía, o eso parece a juzgar por el asombro permanente manifestado en sus recientes visitas a los barrios.

Photoshop al poder. Nunca mejor dicho. Photoshop en los carteles de una política de Photoshop. Pero cuidado, porque el listo es listo hasta que el tonto quiere, y tomar a los ciudadanos por tontos puede resultar electoralmente útil por un tiempo, pero dice muy poco de quienes lo hacen. De su ética y de su vista. Ya lo decía la moraleja del cuento del lobo: mentir tanto termina pasando factura. El desprecio hacia la clase política es hoy un clamor, aunque lejos de aprender, ellos responden con más mentira y nuevos ejemplos de su cinismo. Photoshop forma ya parte de nuestras vidas, así que tendremos que aprender a usarlo o a identificarlo. Apuesto por lo segundo.

Nota: Sí, lo sé. Podría haber titulado este post como ‘Pedroshop’. Al fin y al cabo sólo hay que cambiar una letra. Lo he pensado durante un par de días, no se crean, pero al fin y al cabo fue ella la que inspiró esta entrada. Y hay que darle su sitio. Oye.


Mortadela y Colón

Las tropas de Perico el Grande desembarcaron en la orilla del territorio petronilo. El ruido ensordecedor estremecía el corazón de los guerreros del Hotel París. Había miedo en sus miradas, que se cruzaban temblorosas, y no era para menos. Corría una soleada y fría mañana cuando la Plaza de las Monjas era estratégicamente rodeada por los ejércitos de Perico. Estruendo. Cornetas. Tambores de guerra. Así, demostrando poderío, enseñó sus cartas a Petronila, en su propia casa, colocándole en el pórtico un caballo de troya con dientes afilados, bandera desplegada y un flamante dedo índice que señalaba al mar. La guerra había empezado.

Colón ha sido el tema estrella de la semana en Huelva. Si era o no menester tener otro Colón, si la plaza era el sitio idóneo, si mejor aquí o mejor allí, si así o asá. No es mi idea pronunciarme sobre la estatua (para mí, será un monumento cuando se gane el puesto) del almirante, más que nada porque aún no la he visto en vivo y porque tampoco es algo que me apasione, aunque reconozco cierta curiosidad por saber qué tal ha quedado. Por ahora mi ehtatua’colón es la de toda la vida, la de la Punta del Sebo, que para eso tiene su pasodoble y todo. Sea como sea, el debate está en las calles, en los bares, en las casas, en los medios y en las redes sociales (o sea, en todas partes) y no pretendo ahondar en el tema del hecho de la estatua, sino en su moraleja. La inauguración de ayer fue toda una declaración de intenciones del alcalde. Perico ha demostrado su fuerza en las narices de Petronila Guerrero, una fuerza sustentada en el pueblo y su particular forma de entender el ‘onubensismo’ como un mejunje rancio de tradiciones, fiestas, pasodoble y Recre, muy válido para muchos ciudadanos, indiferente para unos pocos y vomitivo para otros. Insuficiente para mí.

He dicho alguna vez que el alcalde lo hizo bien en su momento al acometer, antes que cualquier cosa, una especie de cura de la amnesia huelvana para con sus cosas. Centrados en lo feos que somos, lo malos que somos y lo tontos que somos, los onubenses nos habíamos olvidado de disfrutar de nosotros y de nuestra ciudad. Perico lo consiguió, aprovechando un relevo generacional que se producía coincidiendo con su llegada al sillón municipal y que al fin sacaba a nuevos onubenses a la calle mientras decían “ahí os quedáis” a sus padres, mayoritariamente emigrantes procedentes de pueblos de la provincia que habían llegado a la ciudad por hambre y obligación. Ya no había necesidad de irse al pueblo cada domingo. De aquello me di cuenta, precisamente, un día de San Sebastián en el que no tuve a dónde ir a comer porque no cabía un alfiler. Era un pan y circo necesario cuando se trataba de
animar a un pueblo deprimido.

Sin embargo, Pedro Rodríguez ha continuado ofreciendo lo mismo una y otra vez. Más de lo mismo, hasta la extenuación, sin caer en la cuenta de que el mundo cambia, y la gente y sus necesidades cambian con él. Huelva ha cambiado y el alcalde no se ha enterado aún. Perico sigue dándome mortadela, pero ya quiero jamón porque estoy harto de mortadela. Y además no la necesito. Hoy, los onubenses no necesitan fiestas y estatuas. Huelva pide algo más: calidad de vida, alternativas culturales, innovación, debate, ciudad. Huelva tiene que dejar de parecer un pueblo grande.


Cavilaciones del picudo que llegó en AVE

Se sabe que vino desde Egipto, aunque nadie conoce como llegó. Yo sí.

Al menos en su periplo español, el picudo rojo vino a Huelva en AVE, claro que antes se topó con que el camino se acababa en Sevilla. Un año antes había leído esto y pensó que a estas alturas bastaría con un billete para llegar desde Madrid. Aún así, alcanzó tierras españolas y pudo leer esto otro, que era lo mismo, pero un año después, y se preguntó: “Dios mío, dónde me he metido”. Total, que vino a parar a Huelva, para comerse palmeras, con más hambre que Carpanta y mucho tino, porque sin quererlo terminó siendo el protagonista de la vida política de la ciudad.

Uno se pregunta si de verdad los políticos asimilan lo que dicen, o sólo sueltan cosas por la boca, que ni ellos escuchan, como los teleoperadores de las compañías telefónicas. Esto viene a cuento del último estudio mega-sociopolítico-de-los-que-nos-dicen-cómo-somos, que viene a insinuar que los jóvenes pasan de la política más que de sus padres, que los políticos tienen menos credibilidad que un billete de 30 euros. Ellos se lamentan, hacen como que se entristecen mucho, simulan que quieren cambiar las cosas… y luego siguen como siempre.

Empieza la precampaña en Huelva. El PSOE concentra su actividad política en el gran proyecto de exterminación del picudo rojo y la enésima llegada del AVE. Ellos lo harán mejor que Perico, dicen, que es el culpable de todo. Aseguran que, gracias a ellos, llegará a Huelva la alta velocidad. Para eso construyen antes la estación que la vía, y así hacen la puñeta al alcalde merced al retraso con las expropiaciones de Las Metas. Mientras tanto, anuncian (el picudo lo leyó, lo tenéis ahí arriba) lo mismo que hace un año, y aquel año anunciaron lo mismo que el año anterior. Y el personal, que no se chupa el dedo (excepción hecha de los habituales ‘apasionados’ políticos, que son ciegos y sordos, aunque no mudos) se pregunta si los gilipollas son ellos mismos o los que los toman por tales.

Por su parte, el picudo, en su mundo palmeril, observa cómo su careto sale cada día en los periódicos. Está acostumbrado a eso, porque lo ha hecho ya en muchas ciudades, pero nunca se ha visto tan amenazado. Resulta que, al parecer, el picudo rojo, que se ha cargado las palmeras de media España, ha encontrado al fin a su mejor oponente en el PSOE de Huelva. Como lo oyen. El picudo se asusta, lógico, y se pregunta qué tipo de arma mortífera utilizan los socialistas onubenses para que no haya nadie de su especie en La Rábida. Más le asombra, sin embargo, por qué no se la pasan al alcalde para que haga lo propio.

Perico sigue en su nube de onubensismo. Siempre le dio buen resultado, incluso consiguió, merced a este concepto tan suyo, despertar a parte de una sociedad que estaba dormida y que se desarrollara cierto concepto de amor propio en los onubenses. A golpe de fandango, Cinta y Conquero. A golpe de cofradía y patrón. A golpe de populismo, Perico pretende satisfacer las necesidades de una Huelva insatisfecha, inquieta y en paro. Su proyecto precampañeril va de corazones y banderas blanquiazules, mientras olvida a los proveedores arruinados o a las fábricas cerradas.

Así, el picudo se pregunta cómo una ciudad puede aguantar tanto cuento sin rebelarse. Y yo, que no conozco al picudo, coincido con él. Huelva está abandonada a su suerte, lo que hay que agradecer a una clase política que no ve más allá de sus propias (y enormes) narices partidistas. El picudo se asombra, yo también, de que ninguno de los previsibles alcaldes, Perico y Petro (esto me recuerda a algún cómic) hayan insinuado lo más mínimo sobre cómo hacer que Huelva salga de la enorme depresión económica que sufre. Es posible hacer algo nuevo en nuestra ciudad. Hay personas y conocimiento suficientes, hay tecnología, investigación, posibilidades… Pero no hay propuestas, no hay proyecto… No hay ideas. Y sin ideas, amigos, ¿para qué sirve un político?


Lo que queramos ser

Confieso que hay veces en que me asombra la capacidad del personal para tragarse lo que sea sin cuestionárselo siquiera, sin preguntarse si la fuente es o no fiable o si se denota alguna intencionalidad. En Huelva (imagino que en todas partes) pasa mucho, pero muy especialmente (esto ya no pasa en tantos sitios) cuando se trata de algo ‘malo’. Huelva es especialista en merendarse como cierta cualquier noticia que le afecte negativamente. Por ejemplo: ante el binomio ‘amenaza terrorista / Polo Químico’, todo el mundo asume como verdadera cualquier información, sea la que sea. Si alguien sale diciendo que Huelva está en peligro de explosión desintegradora debido a la posible colocación de una bomba ‘alqaedense’ en los bajos de Refinería, todos dan por hecho que es así, sin preguntarse nada más.

A lo que iba: pulula ahora por la Red un artículo, manifiesto, alegato… en el que se invita a la juventud a irse de Huelva ante el ‘subdesarrollo’ de la provincia y la práctica imposibilidad de crecer profesional y personalmente en esta tierra. Se esgrimen varios argumentos de opinión, con los que se podrá estar o no de acuerdo (más adelante hablaremos de eso), pero lo que me mosquea es que se usen como razones objetivas algunos datos que no son siquiera reales, sino suposiciones sacadas de no sé dónde o viejas ‘leyendas’ de Huelva (por supuesto, malas). Y lo que me remata es que la gente se los trague sin ningún pudor.  Por ejemplo:

– Se dice que la población onubense ha descendido en los últimos años. Falso. Según los dos datos del INE (padrón de habitantes), entre 2000 y 2009 no sólo no ha descendido, sino que ha aumentado, pasando de 458.998 a 513.403 habitantes.

– Se asegura que el PIB y la riqueza provincial supone algo menos del 5% de Andalucía. No es un dato malo en sí mismo (podría ser mejor, eso sí) en tanto que la población de Huelva es aproximadamente el 5% de la andaluza. En números enteros, Huelva es efectivamente la última provincia andaluza por su PIB. Se obvia  sin embargo el dato de renta per cápita (euros por habitante), indicador real de la riqueza media, que sitúa a la provincia en el segundo puesto de Andalucía, sólo superada por Almería.

– Se dice que la primera empresa onubense no está entre las primeras 100 del ranking de empresas andaluzas. Falso. Primero, porque la primera empresa onubense no es una cadena de supermercados, sino una metalúrgica. Su nombre es Atlantic Copper, y aunque tenga un nombre muy ‘guay’ e inversores norteamericanos, lo cierto es que está inscrita en el Registro Mercantil de Huelva y, lo importante, paga sus impuestos en Huelva. Segundo, porque Atlantic Copper es la tercera empresa andaluza, según los datos de Analistas Económicos de Andalucía, la referencia en este tipo de informaciones.

– Asegura el artículo que la población onubense jamás ha salido a la calle a reclamar sus derechos. Es probable que no recuerde o no haya vivido la movilización del 3-M y las tres facultades, un masivo movimiento ciudadano auténtico germen de nuestra Universidad.

– Esta es buena: “Es una de las zonas de España con mayor indice de enfermedades provocadas por la contaminación”. Ahí, de golpe, sin ningún dato ni fuente que confirme esta afirmación. Es una de las más famosas leyendas urbanas de Huelva. No sólo no hay datos que lo confirmen, sino que muchos lo desmienten, por ejemplo el impresionante estudio del CSIC sobre impacto ambiental en el área de la Ría de Huelva, que descarta la relación entre mortalidad y contaminación atmosférica (insisto: no descarta la contaminación, sino la relación con la mortalidad).

– Efectivamente Huelva es una de las provincias con más paro de España. En el marco andaluz (la región con mayor tasa de paro tras Canarias), está más o menos en medio (5º lugar). Se trata de un problema estructural que Andalucía debería corregir de una vez por todas. Aunque no es fácil.

– “Tiene una gran parte de la provincia dentro de espacios protegidos pero no se ha hecho nada para que esta riqueza natural reporte beneficios a la población local”. Desconoce el autor el valor vital que para las economías de las comarcas de Doñana y la Sierra de Aracena y Picos de Aroche está aportando esta protección. Ahora sus productos y servicios son reconocidos mundialmente por su sostenibilidad y su calidad.

En cualquier caso, y al margen de los datos, coincido en muchas cosas con este artículo. Suscribo algunos de sus planteamientos, que no la conclusión (aunque quiero pensar que su autor hace un ejercicio de ironía más que un planteamiento real). Huelva es una provincia acomplejada, como aseguraba hace un tiempo en ‘El culo del mundo’. Hemos vivido durante muchas décadas creyéndonos menos de lo que somos, un complejo de inferioridad que termina siendo un lastre para nuestro crecimiento. Un auténtico círculo vicioso.

La supuesta indolencia de Huelva tiene su único origen en un monumental sentido del ridículo y por supuesto en el acomplejamiento masivo de su gente. El onubense medio piensa que no merece la pena moverse porque no nos van a dar nada PORQUE NO NOS LO MERECEMOS. Puede que la experiencia nos parezca poco tranquilizadora al respecto, pero históricamente cuando ha habido un movimiento ciudadano real en esta provincia, las cosas han cambiado. De todas formas, el futuro de Huelva no creo que pase por movilizarnos cada diez minutos para pedir o exigir tal o cual cosa. Somos los propios onubenses quienes debemos tener claro que el camino lo construimos nosotros, a base de tesón, imaginación, creatividad, formación y conocimiento. No necesitamos un aeropuerto, ni autovías, ni subvenciones. Todo eso, espero, llegará, pero no podemos hacer una rémora de lo que no tenemos, sino, más bien al contrario, aprovechar con eficiencia aquello con lo que contamos.

Sabemos que Huelva es una ciudad industrial. Ante esta certeza quedan dos caminos: el del onubense que rechaza la realidad o el del que la aprovecha. ¿Sabéis cuántos ingenieros, economistas, informáticos, profesores y estudiantes universitarios, entre otros muchos profesionales, trabajan cada día hacia la excelencia, desarrollando proyectos de investigación de talla y reconocimiento internacional y creando tecnología propia? La mayoría de ellos son onubenses que decidieron crecer profesionalmente en su tierra y aportar, desde su parcela, un granito de arena al desarrollo de la provincia.

Es sólo un ejemplo. Hay centenares, posiblemente miles. Mi propia empresa, de Huelva, con una tecnología propia, hecha por onubenses, compite sin complejos con potentes compañías nacionales e internacionales del sector del clipping. Sin subvenciones ni autopistas ni aeropuertos. Sólo con muchas ganas y más imaginación. Son muchas industrias agrarias, ganaderas y pesqueras, muchas empresas de base tecnológica,  muchos comercios, muchos profesionales autónomos… Son muchos onubenses los que con la pequeña aportación de su trabajo diario quieren dar ‘algo más’, un plus de calidad, innovación y creatividad que permitirán construir la Huelva del futuro.

Que la Junta y el Gobierno han permitido e incluso propiciado el subdesarrollo de nuestras infraestructuras: Sí.

Que nunca han invertido lo que deberían o, como mínimo, lo que sería de justicia: Sí.

Que una parte de la clase política onubense sólo busca un asiento en Sevilla, aún a costa de su propia tierra: Sí. Que otra parte no se atreve a defender Huelva por miedo a perder su trono, también. Que el resto quiere hacernos creer en una Huelva de pandereta tan ficticia como errónea, por supuesto.

Que muchos ciudadanos viven en el conformismo y la desidia: Sí. Que son todos: Definitivamente, no. Ni siquiera una mayoría.

Jóvenes: quedaos en vuestra tierra y haced de ella lo que, en el fondo, todos sabemos que puede llegar a ser: una provincia pequeña, posiblemente subestimada, seguramente agraviada, objeto de injusticias y engaños, pero que a pesar de todo no permanece quieta, mirándose el ombligo, o retorciéndose de pena mientras se consuela consigo misma, sino que lucha y trabaja por romper barreras.

Huelva es más de lo creemos, porque Huelva es lo que queramos que sea.

Por cierto, el texto de marras:

http://www.facebook.com/note.php?note_id=176175119063508