De carroñeros y otros hombres

La especie humana es carroñera. Lo ha sido siempre, o al menos hasta hace unos miles de años (tampoco tantos), así que será por eso por lo que nos dura el instinto: hurgar en la herida, saborear el mal del prójimo, es una especialidad muy humana. Eso sí, como en todo, hay grados. No es lo mismo una mosca verde que un buitre.

En política, por ejemplo, se carroñea al más alto nivel. El sabor de la carne abierta del oponente les puede, casi lo desean, y si no, que le pregunten a Juan José Cortés, que viene sufriendo desde hace años el más cruento canibalismo político por parte de quienes recibieron como respuesta, cuando lo pretendieron, un portazo en las narices. Pasó de héroe a villano solo por cambiar de bando. Así se las gastan en política. Carroñera. Inhumana. Como casi todo lo humano, que todo hay que decirlo.

Lo sobrellevan porque están acostumbrados. A diario, cada político se desayuna a otro. Son gajes del oficio.

El problema es que Juan José Cortés no es un político. Se trata de un hombre, un padre, al que un asesino y un sistema judicial kafkiano robaron una hija, la pequeña, y que desde entonces, desde que supo que el asesino de su hija no debería haber estado en la calle aquel día, ha removido cielo y tierra con un solo objetivo: que no vuelva a pasar algo así. Al juez de marras le costó 1.000 euros. El empleo, a la funcionaria implicada. A Juan José, el error acabó con la vida de su hija. Sin embargo, los otros culpables de que ocurriera aquella tragedia siguen sentados en sus sillones de parlamentarios, diputados, senadores, ministros o consejeros. Esos políticos que desprecian la realidad que transcurre más allá de las puertas de sus despachos, los problemas de la gente que los ha puesto ahí.

Juan José decidió que el problema había que atajarlo desde arriba y se acercó a la política, el único camino que le quedaba después de descubrir que centenares de folios con miles de firmas solo sirven para alimentar las chimeneas de los despachos presidenciales. Desde entonces, el ‘ciudadano Cortés’ ha sido insultado, lo han despreciado, han dudado de sus intenciones y, por último, le han tangao la presunción de inocencia, esa por la que tanto abogan cuando son ellos los implicados. Somos así: en esta España envidiosa y cainita nos hubiera gustado más ver a un hombre destrozado que a un luchador.

Ignoro, y no me importa, lo que ocurrió la madrugada del miércoles en El Torrejón. Tampoco conozco a Juan José Cortés. No lo he visto en mi vida, a pesar de vivir en la misma (y pequeña) ciudad. No tengo, por tanto, opinión formada sobre su persona más allá de lo que he visto y oído estos años en los medios de comunicación. Pero tengo dos dedos de frente, y sé que si estuviera en su lugar, si hubieran matado a mi hija en las circunstancias en que mataron a Mari Luz, entregaría toda mi vida para que los culpables, todos, lo pagaran. Juan José ha sido bastante más generoso y ha preferido, mejor que seguir tirando de la cuerda, tomar el camino de cambiar las cosas para que a nadie le pase lo que a su familia.

Hemos visto en estos días a líderes socialistas frotándose las manos (mientras los otros se las lavaban) tras la detención de Cortés. Hemos leído declaraciones ridículas y afirmaciones estúpidas. Lo último, y es un ejemplo, el acoso y derribo de algunos periodistas porque no ha querido preguntas tras su rueda de prensa. Acusan a un tipo que ha tenido que salir a defender su inocencia sentado junto a una mesita, no en una sede de partido o una sala de prensa, sino en medio de una de las plazas de su barrio. Critican a Juan José, que no ocupa ningún cargo político ni institucional y que a buen seguro no tiene a su disposición, como otros, a una legión de asesores (no tendrá ninguno), por ofrecer una rueda de prensa sin preguntas. Le ha tocado por ser árbol caído del que, como buenos carroñeros que somos, hay que hacer leña.

No conozco, insisto, a Juan José Cortés. No sé, aunque lo dudo, si es capaz de coger una escopeta y liarla a tiros por no sé qué disputa familiar. Ignoro lo que pasó esa noche, pero, de ser político, me pensaría mucho soltar lo que algunos han soltado por esa boquita cuando en mis propias filas tengo cargos públicos imputados por robar a los ciudadanos que los han votado.

Es la flexible vara de medir de los carroñeros. Se tuerce cuando quieren. Y cuando quieren, la enderezan para atizar con fuerza. Unos y otros, no se engañen, pretenden utilizar a Juan José, como nos utilizan, de una forma u otra, a todos nosotros.

Por eso no me gusta esta política. Porque atonta, deshumaniza y envilece. Porque no mira a los ojos  a las personas.

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Acerca de pacomuñoz


3 responses to “De carroñeros y otros hombres

  • Tomás Tocornal

    Es una lástima lo que le ocurrió a este hombre y su familia, los medios se hicieron eco de la noticia y usaron a la familia para ganar popularidad. La política también sacó tajada y hasta el señor Zapatero tuvo su momento de ternura dándole la mano a Juan José.

    Por supuesto, hay dos caras en la moneda. Una es ésta, un trasfondo que sirve de molde para una situación muy jodida. Un barrio marginal, gente marginada. Marginados por los políticos, por el resto de ciudadanos y por ellos mismos en muchas ocasiones. Un sistema que funciona a medias dejó en la calle a un hombre que se dedicaba a mirar niñas en la puerta de los colegios.

    La otra cara es de la que no se habla, porque somos tan políticamente correctos que no nos atrevemos a ir en contra de la corriente. El intento de Juan José Cortés de modificar y endurecer el Código Penal mediante recogida de firmas no es diferente de la reforma constitucional que sufriremos pronto y que el Parlamento ha acordado “democráticamente”. Una respuesta rápida y chapucera a un caso concreto y una situación concreta.

    Es muy hipócrita que se de una respuesta tan repentina por parte del pueblo a un hecho como el de la muerte de Mari Luz. No he visto por la tele ninguna recogida de firmas para endurecer el Código para los asesinos de policías en acto de servicio; tampoco para cambiar el sistema electoral de mierda y eliminar los privilegios de los políticos (para unos que lo intentan, se les tacha de perroflautas).

    También es muy hipócrita que pidan leyes más duras y a su vez se plante medio Torrejón a liarse a hostias con policías y con quien pase por la puerta del juzgado, convirtiéndolo en un circo.

    Me joden ambas cosas en este asunto. Una, que los crímenes sean un instrumento político y se usen como moneda para comprar votos, es como para levantarse una mañana y acampar frente al ayuntamiento. La otra cosa que me jode es que el que está sufriendo sea exonerado de toda culpa por sus acciones por el simple hecho de que ha sufrido.

    Yo tampoco conozco a Cortés, tampoco tengo interés porque algunas de las declaraciones públicas que han hecho algunos de sus allegados que han chupado del bote de la tele barata ponen como la mierda a gente que ha intentado ayudarle desinteresadamente y no ha ganado con ello nada más que unas cuantas noches en vela y el sueldo de cada mes. No le juzgo, no es mi trabajo y no tengo esa autoridad, pero tampoco tengo la autoridad de liberarle de toda pena y como cualquier persona que cometa el error de disparar un arma con el propósito que sea, deberá responder ante la justicia sin que ello signifique que se esté usando a esa persona y a su situación. Un tiroteo es un tiroteo.

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