Archivo mensual: junio 2011

Los más demócratas del mundo

Mi padre decía a menudo que en este país somos los más demócratas del mundo. Lo decía, como entenderéis, con bastante sorna, cada vez que saltaba a los medios de comunicación alguna de esas soplapolleces tan españolas, esas cosas tan poco democráticas que provoca que todos se echen las manos a la cabeza aunque, en el fondo, piensen que tampoco es para tanto. Pasa mucho. El gobierno americano ejecuta a Bin Laden y todo el mundo se lamenta de la ausencia de un juicio justo, cuando hace unos años cualquiera de nosotros le habría arrancado la cabeza sin pudor.

Somos así, los más democráticos del mundo. Un insano afán por quedar bien pase lo que pase. Aparentar es un vicio muy español que se ha extendido al lenguaje como un mal virus: Hablamos de ‘personas de color’ cuando queremos decir negro, o ‘mujer pública’ cuando nos referimos a una puta. Incluso cuando cuando una empresa echa a la calle a un puñado de trabajadores, no se trata de despidos, sino de una regulación de empleo. Mis amigos los políticos, los grandes responsables de la orgía democrática patria, son sin duda los mejores aplicándola. Hoy he visto cómo Zapatero hablaba, por fin, de 15M para decir que era intolerable, delictivo y nosequé que se impidiera la entrada de sus señorías en las instituciones democráticas. No mencionó, eso sí, que entre esas ilustres señorías hay un centenar de imputados en casos de corrupción. Eso sí es tolerable y democrático.

Pero lo mejor, lo último, lo más de lo más, es el lenguaje ‘inclusivo’. Confieso que decidí dejar de seguir y apoyar la acampada de Sol y sucedáneos cuando supe que la asamblea presentaba, entre sus propuestas para mejorar la democracia en España, la gran idea de utilizar el famoso lenguaje inclusivo. La propuesta profundizaba, incluso, y se debatió si emplear la X o la @. Así, por ejemplo: ‘Estamos todxs aquí para votar nuestr@s propuestas de mierda’. Como si nada. Como si el lenguaje fuera una masa de pizza que pueda amoldarse a nuestro gusto cuando queramos.

Como si no se tratara de algo que está muy por encima de todos nosotros. Siglos y siglos de evolución, consecuencia del caminar histórico de decenas de sociedades. Como si la Lengua española pudiera o debiera cambiar a golpe de ocurrencia. Como si cada chorrada de cualquier chorra tuviera que ser inmediatamente incorporada en el DRAE. Como si fuera de nuestra propiedad.

‘Las miembras’ de Aído supusieron un salto en la delirante gilipollez democrática de la inclusión lingüística. Despertó el cachondeo nacional, cierto, pero el hecho es que ya hay quien lo utiliza sin rubor y encima se felicita por ello. Lo peor es que ya se han quedado cortas (las miembras) y el afán por el correctismo y la apariencia van más allá. He oído discursos hilarantes (“Muy buenas noches. Un día más, estamos todos y todas aquí, abogados y abogadas, miembros y miembras de esta asociación, amigos y amigas todos y todas. Nos reunimos hoy con nuestros y nuestras compañeros y compañeras…”), pero lo de la ‘x’ y la ‘@’ es sin duda lo más esperpéntico de todo cuanto he oído últimamente sobre el lenguaje ‘inclusivo’, no solo por antiestético, incorrecto y absurdo, sino porque es materialmente impronunciable, salvo que seas un Hobbit, un Troll o algo por el estilo.

Ahora que lo pienso, cualquiera que lea el texto de ahí arriba podría acusarme de machista. Lo pongo al revés, pa que no me tachen de lo que no soy: “Muy buenas noches. Un día más, estamos todas y todos aquí, abogadas y abogados, miembras y miembros de esta asociación, amigas y amigos todas y todos. Nos reunimos hoy con nuestros y nuestras compañeros y compañeras…”).

Así mejor, ¿no?


Yo #soy15m

Como parte del #15m me declaro una persona pacífica y condeno radicalmente todo tipo de violencia: la de los violentos infiltrados en nuestras manifestaciones, y la del Estado, que ha causado más dolor y heridos. Además, condeno la manipulación mediática que enfatiza la información sesgada, parcial o errónea con el propósito de demonizar a los ciudadanos.
Si me manifiesto en la calle es porque:

– Mi participación como ciudadano se ha reducido a votar a listas cerradas cada cuatro años para ver cómo los representantes de los ciudadanos no respetan lo prometido en su programa.
– Se hacen leyes a favor de grupos de interés en vez de hacerlas a favor del conjunto de la sociedad.
– Se invierten recursos públicos para ayudar a minorías poderosas, y no a quienes están pasando situaciones desesperadas ocasionadas por la especulación financiera.
– Los grandes partidos están más preocupados por mantener su poder que por ofrecer soluciones para superar esta crisis histórica.
– Está a punto de firmarse un “Pacto del Euro” que consiste fundamentalmente en medidas para reducir la inversión pública en servicios esenciales.
– Desde diferentes órganos del estado se ha insultado a los ciudadanos, e incluso se ha justificado el recurso a la violencia contra manifestantes pacíficos.

Como parte del #15m, acepto y respeto la diversidad ideológica del movimiento. Cuando participo en una manifestación no reclamo un régimen o una ideología en concreto, ni un modelo social no democrático, ni la eliminación de los partidos o los parlamentos. Lo que reclamo es una democracia mejor y más humana que, entre otras medidas, necesita urgentemente:

– Cambios en la Ley Electoral para permitir una mejor y más directa representación de los ciudadanos en los parlamentos y una mayor participación ciudadana en las decisiones importantes.
– Aprobación de una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública para obligar a la publicación en formatos adecuados y reutilizables de todos los gastos, decisiones y reuniones con grupos de presión por parte de funcionarios y cargos públicos.
– Tolerancia cero a la corrupción de candidatos y cargos públicos, y controles ciudadanos para la exigencia de responsabilidad política.
– Separación clara, real y efectiva de los poderes del estado.
Control fiscal efectivo de grandes fortunas y operaciones financieras; eliminación de privilegios fiscales a cargos electos.
– Políticas encaminadas a solucionar de forma efectiva los problemas hipotecarios y de vivienda.
– Servicios públicos de calidad, fundamentalmente salud, justicia y educación.
– Eliminación de las leyes que permiten el control administrativo de Internet. La red ha demostrado ser esencial para la libertad de expresión y para responder al peligro de manipulación mediática.

Por todas estas razones volveré a salir pacíficamente a la calle el 19 de junio, #19j.

Si estás de acuerdo, aprópiate del texto y divúlgalo (enlace al documento original)


La rebelión de los colchones

La Bastilla se tomó a sangre y fuego, pero aquello fue una revolución de verdad. Es cierto que yo mismo, y muchos como yo, hemos tratado de ‘revolución’ lo ocurrido el 15M y la semana posterior (lo que vino después tuvo mucho de esperpento, aun con grandes momentos de lucidez). No ha sido una revolución, simplemente porque no era necesaria. El 15M es una rebelión, la reacción instintiva y visceral de una ciudadanía cansada de que le metan mano al bolsillo y a la dignidad. Un puñetazo en la mesa, un yaestábien, un seacabó. El giro inesperado de quien se siente pisoteado. Del mismo que, ahora que ha visto el miedo en los ojos de quien sostiene el yugo, no quiere parar.

No se quedará aquí, no. A pesar de la ceguera de los políticos, de su impresionante sordera social, de su clamoroso silencio, la rebelión de los indignados sigue adelante. Asambleas ciudadanas recorren cada día los barrios de capitales grandes y pequeñas. En las redes sociales siguen circulando, a la par, información e indignación, mientras se convocan nuevas movilizaciones que recuperen el espíritu de aquel domingo de mayo. Aunque sigo pensando que el movimiento (qué mal suena) continúa separando más que uniendo, y que todo se está diluyendo como un terrón de azúcar en un café hirviendo (ya veis en qué quedó la última movilización organizada en Madrid), también mantengo la esperanza de que en algún momento tome un nuevo impulso, que se revitalice y recupere su esencia: la rebelión ante lo que sin duda es injusto.

Es posible que, como hasta ahora, quienes deben representarnos sigan mirando para otro lado: sus déficits, sus imputados, sus pactos electorales, sus primarias sin candidatos. Hasta es posible que no se conformen con eso y vuelvan a poner la Ley en nuestra contra, a decir que no actuamos como buenos ciudadanos, como pretendieron hacer en los días previos al 22M. Pero los rebeldes sabemos que lo que es legal no tiene por qué ser justo. En Sant Andreu, un barrio de Barcelona, los vecinos evitaron ayer que a una anciana de 72 años la echaran de su casa. La historia la desconozco, aunque puedo imaginarla. Un alquiler de renta vieja, una casa susceptible de convertirse en un suculento solar, una constructora interesada, un banco que ha prestado el dinero, o que quiere recuperlo… Posiblemente, echarla es lo más legal del mundo, pero resulta a todas luces injusto, y por eso la respuesta de este vecindario es también la de unos ciudadanos indignados que enfrentan la injusticia con su mejor arma: la solidaridad. Como en Fuenteovejuna, en Sant Andreu todos mataron ayer al comendador. Y a ver quién es el guapo que detiene a todo el barrio.

Quizás sea ese el camino. Quizás sea hora de dejarnos de debates estériles y tomarnos la Justicia por nuestra mano, darles donde más les duele y abrirles los ojos y los oídos a golpe de acción: no nos escucháis, pero nos vais a oír. Quizás podamos usar nuestras pobres pero potentes armas, la rebeldía y la solidaridad, empezando por esos bancos que perdonan préstamos millonarios a los partidos políticos, esos que sobre tasaron tu casa para alimentar el negocio de la deuda, esos que ahora quieren echarte. Puede que así les obliguemos a cambiar las cosas. Puede que haya llegado el tiempo de que, entre todos, hagamos lo que creamos justo, y no lo que esperan de nosotros.

Te llamo a la rebelión. A volver a guardar tu dinero bajo el colchón. A que tu bloque, tu calle, tu barrio se movilice cuando quieran dejar a tu vecino en la calle. A que denuncies las comisiones abusivas. A que pases a la acción. A que te saltes las reglas. Te invito, una vez más, a que tomes la calle el día 19. A que no digan que te acobardaste. A que no piensen que vuelves a estar sus pies. A que no tengas miedo.