Revolución

Yo también viví anestesiado. Me convencisteis de que era posible tener una casa barata y dos coches. Me engañasteis, incluso, sobre la propia ideología, sobre mi posición en el mundo. Sugeristeis que debía obedecer al mercado, amarlo, como a un dios, sobre todas las cosas, y pisar al prójimo para salvarme a mí mismo. Para crecer. Ser mejor para no morder el polvo. Me enseñasteis la importancia de una carrera, de un master y un puesto de éxito en una empresa de éxito como el único camino para ser alguien. “Arriba, siempre arriba, sin pensar en la caída” (M.G.).

Me hicisteis olvidar que soy, ante todo, una persona, haciéndome creer uno de tantos millones de engranajes de vuestro sistema perfecto, un engranaje útil, lo suficiente para convencerme de que todo estaba en orden. Y por eso callaba. Pero no era así. Vuestro sistema falló y se derrumbó. Todos lo vimos, incluso vosotros mismos, y prometisteis entonces un cambio de modelo. Pronosticasteis una refundación, una vuelta de tuerca ante la certeza de que aquello no era tan bueno. Y, en vez de eso, lo reforzasteis: les disteis mi dinero, les disteis el control y, a cambio, os dieron alas para ganar privilegios, trajes, chalés y subvenciones. Olvidando que también sois personas, como nosotros, os procurasteis un futuro cómodo en vuestros rancios sillones a costa de mi espalda y las de millones de trabajadores. A costa de millones de personas que ahora no pueden pagarse lo que les vendisteis, que son expulsados de sus trabajos y de sus casas, que tuvieron que malvender sus coches. A costa de su sufrimiento construisteis vuestra jugosa vida.

Pero hemos despertado. Ya no sirven ni vuestra manipulación ni vuestro entretenimiento. Ni mentiras ni circos pueden engañarnos. Hemos sido liberados. Por nosotros mismos. Hemos creído que era posible y lo hemos hecho, y por eso ahora estáis asustados. Por eso, ahora, tratáis de meternos miedo. ¿Acaso no pensáis? Somos más y tenemos más razones. Somos fuertes porque nuestros valores son universales, porque somos tan distintos que no tenemos colores.

Escuchadme: ya habéis perdido. Esto es una Revolución, y no se para con cañones ni titulares.

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