Archivo mensual: mayo 2011

El arte de la guerra

El general chino Sun Tzu lo escribió en torno al siglo V antes de Cristo y no ha perdido actualidad desde entonces. Fue el libro de cabecera de Napoleón, Maquiavelo o Mao y se le considera el mejor tratado de estrategia de todos los tiempos. Pero os aseguro que en las acampadas que siguen en pie en todo el país tras el 15M no lo han leído. O, si lo han leído, no lo recuerdan, porque no hay mejor forma de destrozar la movilización ciudadana más importante de España en los últimos años.

Tan ensimismados están en #acampadasol y el resto que la siguieron que no perciben que el tiempo se les acaba y que su fiebre asamblearia está logrando dividir a un colectivo muy numeroso de ciudadanos que, por ahora, siguen dispuestos a levantarse contra una clase política corrupta y una democracia viciada. Aún a riesgo de que me llamen entrometido o enterao (o cosas peores), creo que llega el momento de plantear un camino diferente ante los que están convirtiendo este movimiento, al que me uní mucho tiempo antes del 15M, en una suerte de circo mediático y mercado ambulante. Si mi opinión no os vale, espero al menos que escuchéis la del sabio Sun Tzu.

1) Retirada. El movimiento ha mostrado su fuerza y su capacidad de organización en la realización de acciones rápidas y sorprendentes. Además, las acampadas y el masivo apoyo de ciudadanos enseñaron a políticos y tribunales que cuando se clama por la Justicia no hay justicia que lo pare. Sin embargo, permanecer más tiempo acampados solo contribuirá a apagar poco a poco la llama, porque no hay nada más que demostrar. “Una vez comenzada la batalla, aunque estés ganando, de continuar por mucho tiempo desanimará a tus tropas y embotará tu espada. (…) he oído hablar de operaciones militares que han sido torpes y repentinas, pero nunca he visto a ningún experto en el arte de la guerra que mantuviese la campaña por mucho tiempo. (…) Así pues,  lo más importante en una operación militar es la victoria y no la  persistencia. Esta última no es beneficiosa. Un ejército es como el fuego: si no lo apagas,  se consumirá por sí mismo. (…) La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es  asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el  enemigo es vencido por el empleo de la estrategia”.

2) Comunicación. Los medios no os han hecho falta para el éxito indiscutible del 15M. ¿Qué hacéis ahora preparando notas, ruedas de prensa y comunicados? Cuando se produzca la retirada, que nunca será un paso atrás, hay que volver a las trincheras, al escondite, a la acción callada que permita un nuevo ataque por sorpresa. Hay que volver a las redes sociales, al origen. La razón es bien sencilla: si estás fuera, mostrándote a cada momento y comunicando cada paso que das, corres el riesgo de que tu enemigo sepa demasiado. “No han de conocer dónde piensas librar la batalla, porque cuando no se conoce, el  enemigo destaca muchos puestos de vigilancia, y en el momento en el que se establecen  numerosos puestos sólo tienes que combatir contra pequeñas unidades. AsÌ pues, cuando su vanguardia está preparada, su retaguardia es defectuosa, y cuando su  retaguardia está preparada, su vanguardia presenta puntos débiles”.

3) La “no forma”: ¿Qué hacéis convirtiéndoos en portavoces de no se sabe quién? ¿Qué hacéis reclamando la oficialidad o no de algunas acciones? El éxito del 15M ha sido la ‘no forma’, el hecho de ser un movimiento sin líderes ni organizadores aparentes, más allá de un par de webs y algunos perfiles de Twitter o páginas de Facebook. En el 15M y todo lo que vino detrás han actuado personas anónimas, colectivos más o menos dispersos, de muy diferente color social y político. En el arte de la guerra, no tener forma es despistar al enemigo, confundirlo, desconcertarlo. “El punto  final de la formación de un ejército es llegar a la no forma. Cuando no tienes forma, los informadores no pueden descubrir nada, ya que la información no puede crear una estrategia. Una vez que no tienes forma perceptible, no dejas huellas que puedan ser seguidas, los  informadores no encuentran ninguna grieta por donde mirar y los que están a cargo de la planificación no pueden establecer ningún plan realizable”.

4) Atacar de nuevo, de otra forma: La retirada y la pérdida de identidad clara del movimiento es lo único que permitirá nuevos 15M. En otras fechas, de maneras distintas, con esa misma fuerza que da la certeza de que se defiende algo justo. Hay que irse, pero habrá que volver después de permanecer escondidos y reorganizados, aunque con cuidado de no repetir estrategias, porque esta vez estarán preparados. “En consecuencia, la victoria en la guerra  no es repetitiva, sino que adapta su forma continuamente. (…) Una fuerza militar se establece mediante la estrategia en el sentido de que distraes al  enemigo para que no pueda conocer cuál es tu situación real y  no pueda imponer su supremacía. Dividir y volver a hacer  combinaciones de tropas se hace para confundir al adversario y observar cómo reacciona  frente a ti; de esta manera puedes adaptarte para obtener la victoria”. 

5) No dividais a las tropas. Cualquier extensión del ideario del 15M lo único que hace es dividir el movimiento en miles de fragmentos. A más propuestas, menos unidad. No creo que sea necesario insistir en que las movilizaciones de aquel domingo de mayo tuvieron éxito porque en solo un par de ideas básicas lograron aglutinar a gentes de toda ideología y corte social y económico. No multipliquéis vuestras pretensiones, porque no siempre serán las de todos y os podéis quedar solos. Y solos, amigos, no sois nada. No me gustaría gritarte que no me representas. Seguid este camino y no os perdáis en enredos innecesarios.

Para que yo, muchos como yo y muchísimos distintos a mí podamos seguir sintiéndonos orgullosos de haber participado en esto.

Nota: El texto en letra cursiva corresponde a extractos de ‘El Arte de la Guerra’, de Sun Tzu.


Revolución

Yo también viví anestesiado. Me convencisteis de que era posible tener una casa barata y dos coches. Me engañasteis, incluso, sobre la propia ideología, sobre mi posición en el mundo. Sugeristeis que debía obedecer al mercado, amarlo, como a un dios, sobre todas las cosas, y pisar al prójimo para salvarme a mí mismo. Para crecer. Ser mejor para no morder el polvo. Me enseñasteis la importancia de una carrera, de un master y un puesto de éxito en una empresa de éxito como el único camino para ser alguien. “Arriba, siempre arriba, sin pensar en la caída” (M.G.).

Me hicisteis olvidar que soy, ante todo, una persona, haciéndome creer uno de tantos millones de engranajes de vuestro sistema perfecto, un engranaje útil, lo suficiente para convencerme de que todo estaba en orden. Y por eso callaba. Pero no era así. Vuestro sistema falló y se derrumbó. Todos lo vimos, incluso vosotros mismos, y prometisteis entonces un cambio de modelo. Pronosticasteis una refundación, una vuelta de tuerca ante la certeza de que aquello no era tan bueno. Y, en vez de eso, lo reforzasteis: les disteis mi dinero, les disteis el control y, a cambio, os dieron alas para ganar privilegios, trajes, chalés y subvenciones. Olvidando que también sois personas, como nosotros, os procurasteis un futuro cómodo en vuestros rancios sillones a costa de mi espalda y las de millones de trabajadores. A costa de millones de personas que ahora no pueden pagarse lo que les vendisteis, que son expulsados de sus trabajos y de sus casas, que tuvieron que malvender sus coches. A costa de su sufrimiento construisteis vuestra jugosa vida.

Pero hemos despertado. Ya no sirven ni vuestra manipulación ni vuestro entretenimiento. Ni mentiras ni circos pueden engañarnos. Hemos sido liberados. Por nosotros mismos. Hemos creído que era posible y lo hemos hecho, y por eso ahora estáis asustados. Por eso, ahora, tratáis de meternos miedo. ¿Acaso no pensáis? Somos más y tenemos más razones. Somos fuertes porque nuestros valores son universales, porque somos tan distintos que no tenemos colores.

Escuchadme: ya habéis perdido. Esto es una Revolución, y no se para con cañones ni titulares.


Estáis muertos

Los medios se autoinmolan. Afrontan la que posiblemente es su mayor prueba de fuego en los últimos años con más de lo mismo y suspenden el examen a golpe de rendir, como siempre, pleitesía a quienes les subvencionan. ‘Your credit is about to expire’, como decía a cada momento la señora de mi teléfono Airtel.

El pasado domingo ya confirmaron lo que era evidente: están completamente perdidos. No saben lo que hay más allá de sus caravanas de campaña, sus ruedas de prensa (con o sin preguntas), sus comunicados, sus notas de prensa,  las filtraciones interesadas o, directamente, las mentiras que algunos difunden sin pudor alguno. Siguen alejados del mundo real, rechazando todo aquello que no venga de sus ‘fuentes habituales’. Dando por hecho que si algo no te lo cuentan es que no existe. Menosprecian a aquellos a los que deben servir: los ciudadanos.

Una vez que se enteraron de qué iba esto del 15M (cuando les estalló en las narices) comenzaron a tomar posiciones. Iniciaron, como siempre, su particular guerra de desinformación, manipulación y engaño, aunque es cierto que la sorpresa había sido tal que los había cogido completamente descolocados y hasta ayer no empezaron a mostrar su verdadera cara. Indignante, una vez más, por su partidismo descomunal y su desprecio a la inteligencia del público y a las mínimas reglas éticas del periodismo.

Es normal. Se deben a quienes les pagan, y no hay otra verdad que esa: el sistema subvenciona a los medios de comunicación en España, a costa  de nuestro dinero y en forma de publicidad institucional y otros favores. De modo que la respuesta no puede ser otra: convertir la verdad en mercancía y traficar con ella para satisfacer intereses empresariales. Los medios la venden y el sistema la compra.

De modo que, del silencio, los medios afines al PSOE han pasado a la acción lanzando el mensaje socialista, que con tono paternal nos dicen: “Somos todo oídos. Estamos esperando a que nos digáis qué queréis, para actuar”.  “Debéis saber” -insinúan- “que la culpa de todo la tiene la derecha y que sólo nosotros os escucharemos”. Lo malo es que obvian la evidencia: ellos son los que gobiernan. Ellos, y solo ellos, han vendido la dignidad propia y ajena a intereses muy alejados de los de los ciudadanos. Ellos toman las decisiones. Ellos decidieron subvencionar a la banca con miles de millones de euros, pidiendo un compromiso falso porque lo hacían con la boca pequeña. Ellos dirigen la acción de la Justicia y la Policía cuando les interesa. Ellos son los primeros culpables.

Mientras tanto, los medios de la derecha se dividen entre la sordera y la manipulación más frenética y descarada. En lugar de escuchar, en el PP empiezan a ver fantasmas por todas partes, y mientras una parte del partido (y sus medios afines) meten en el saco del 15M, sin ningún escrúpulo, a Rubalcaba, los “comunistas y anarquistas”, los perroflautas, ETA y el kale borroka; la otra parte, con bastante razón, dirige su mirada hacia los intentos de manipulación de este movimiento por parte de los socialistas, pero siguen sin entender nada, como el partido que los subvenciona. Porque el PP, que podría decir mucho en este momento, se calla, no sé si por temor o desconocimiento, ese mismo del que están haciendo gala todos los medios en sus vacíos intentos de manipulación.

En Izquierda Unida se frontan las manos. Quizás alguien debería recordarles que ellos también tienen a imputados en sus listas, a pesar de haberse prometido que nunca lo harían. Quizás deberían plantearse, estos y los demás, que hay muchas razones para que pase lo que está pasando. Aquí van 100.

Pero lo peor de todo no es que manipulen ni que falseen. Que confundan o desinformen. Lo peor es que aquellos sobre los que se asienta su futuro, esos mismos protagonistas (en gran parte) del 15M, han confirmado, con este despliegue de partidismo, subjetividad y malicia, lo que pensaban desde hace mucho: a ellos, los medios tradicionales no les sirven de nada. Así que ya estáis muertos.


Yes, we… ¿qué?

Es la base del pensamiento racional. ‘P’ implica ‘Q’. Recordaréis los ejercicios de lógica, y de cómo se complicaban a medida que los argumentos se iban multiplicando, o cómo se volvían imposibles cuando eran, en apariencia, contradictorios. La cara de tontos que se les está quedando a los políticos con todo lo que está pasando desde el 15M es la misma que se nos pone a todos ante un problema de lógica compleja. Si añadimos que, de por sí, son ‘cortitos’ en cuanto a lo que pasa a su alrededor (lo que pasa de verdad, que para lo demás son muy listos) puede entenderse su perplejidad incluso con cierta conmiseración. Están perdidos porque, primero, no se explican de dónde viene todo esto y, segundo, no entienden qué es lo que quieren los miles de ciudadanos que se manifestaron el sábado, o los otros miles que están acampados en plazas de toda España.

El movimiento de ‘Democracia real ya’ es tan sencillo como complejo: quieren (queremos) que nos escuchen. Es la base de la indignación, mayoritaria en España aunque no se manifieste ni acampe: elegimos a unos políticos para que nos representen. A todos. Y, sin embargo, lo que hacen es apoyar a lobbies, recortar derechos, ocultar información, entregar dinero público a la banca sin ninguna contraprestación, permitir hipotecas que no se acaban con la entrega del bien hipotecado, condenarnos al trabajo perpetuo, repartirse jubilaciones millonarias, sueldos y dietas millonarios, viajes en primera clase… España se indigna porque se sabe estafada por los políticos.

Lo malo es que hay tantos argumentos, tanto mensaje, tantas razones, que una lógica tan sencilla está acabando por desorientarlos a todos: ¿Qué es lo quieren?, se preguntan, sin conseguir una respuesta clara. Y así, nos encontramos con respuestas de todos los colores:

– Es una campaña orquestada por el PSOE para atomizar el voto de forma que no se vayan al PP: Falso. Para los recién llegados, puede ser un argumento más o menos ‘lógico’ (con muchos peros). Sin embargo, los que seguimos esto desde el principio sabemos que la idea partió, hace mucho, precisamente contra el partido en el Gobierno (PSOE) y aquellos que lo habían apoyado, obviando la opinión de los ciudadanos (PP y CiU) en la tramitación de la Ley Sinde. Posteriormente se han ido añadiendo argumentos, la mayoría de ellos, como es lógico (P implica a Q) contra el partido que gobierna este país, o sea, el PSOE.

– Es un movimiento de hippies y antisistema (hay quien los llama perroflautas. No se puede ser más peyorativo). Aunque también he escuchado que se trata de un movimiento de ultraderecha, y de pijos. Falso a todas luces. Cualquiera que haya estado en las manifestaciones del domingo (los políticos no estuvieron porque andaban a lo suyo -pedir el voto a quienes saben que se lo van a dar, no se puede ser más tonto- y los medios casi tampoco) habrá visto que había gente de todo tipo: ancianos, adultos, niños… y por supuesto jóvenes. Sí, esos mismos. Aquellos españoles de los que la mitad está en el paro después de haber estudiado como micos más que todos sus padres juntos.

He escuchado muchas más estupideces. La última, esta de la Junta Electoral de Madrid que prohíbe la concentración en Sol porque, al parecer, los ciudadanos, al contrario que los partidos, no puede hablar de política durante las elecciones.

En cualquier caso, todas tienen un elemento en común: el desconocimiento, en gran parte debido al lanzamiento de decenas de mensajes diferentes por parte de los ciudadanos movilizados (tal es su diversidad, al contrario de lo que se piensa). Si tenemos P, tenemos O, tenemos S, tenemos X y tenemos Z. Si tenemos tanta premisa, tan entremezclada, tan opuestas a veces, llegar a Q se antoja tarea imposible. Por eso creo que este movimiento se está equivocando en el momento más importante después del éxito del 15M: no está diciendo lo que quiere. No hay un objetivo claro, concreto, un compromiso que arranquen a los políticos.

¿Para qué me manifesté el domingo? Para protestar, para que nos escucharan. Sin embargo, ahora que nos escuchan no sabemos qué decir, cuando la base del problema, la raíz, los cimientos, los hemos comentado en mil foros y mil debates en Twitter: Reforma de la Ley Electoral y de partidos. Que en España existan de una vez las listas abiertas (más que nada, para no tener que votar a imputados en delitos varios de corrupción) y que los partidos minoritarios tengan representación parlamentaria.

Es bien sencillo. Que se acabe el bipartidismo. Que se ganen el voto. Ya veréis como entonces sí que querrán representarnos de verdad.


¿Y ahora, qué?

En Twitter arde el hashtag #spanishrevolution. A nivel mundial. Ayer fue la #15mani. Mientras, en el mundo real, decenas de miles de ciudadanos de todos los colores se manifestaron en 60 convocatorias simultáneas en todo el país, convocados a través de las redes sociales. Un hecho sin precedentes e histórico a todas luces. Los cuatro gatos se han convertido en miles, muchos miles, y todavía no se enteran.

No se enteran los medios de comunicación, acurrucados en un supuesto cuarto poder que ya no les pertenece, no porque no sea el cuarto, sino porque su poder es ninguno. O, mejor dicho, es el mismo que los otros tres. Y no se enteran los políticos, que siguen concentrados en sus mítines, llenos de decibelios y votos seguros del militante gritón mientras, al otro lado, la inmensa mayoría de los ciudadanos muestra cada día su desarraigo hacia una partitocracia que está acabando con la imagen de la Política de verdad.

Ni eran ninis, ni eran parados, ni eran antisistema. Los protagonistas de las manifestaciones de ayer era gente de todo tipo. Eran estudiantes, trabajadores, directivos, empresarios, jóvenes, adultos, niños y ancianos. Eran ciudadanos cansados, hartos de pagar el pato por lo que hacen otros que, para mayor choteo, son los que mejor parados están saliendo de una crisis provocada, consentida o auspiciada, según el caso, por ellos mismos. Las manifestaciones fueron un grito para el restablecimiento de valores fundamentales de nuestra democracia que el ‘mercado’ nos está robando a golpe de informe marco, de rating y de rescate, tratando de convencernos de que el mejor camino para salir de la crisis es tomar con más brío el mismo que nos llevó a ella. El Estado del Bienestar se ata los machos al tiempo que los bancos y las grandes corporaciones despliegan velas hacia un El Dorado construido con nuestros arrebatados derechos.

El resto (o sea, miles de millones de personas) muestran cada día, de una forma u otra, su indignación, y en algunos casos, como el de España ayer, se muestra de cuerpo presente en las calles, para que la escuchen. Pero los políticos cierran los ojos para no escuchar, craso error no sólo por lo absurdo del movimiento, sino porque el ruido es tan ensordecedor que no van a tener más remedio que prestarle atención: al otro lado del megáfono están quienes les dan sus votos. Gente que les pide que reconsideren su posición, que cambien. Que recuerden que se deben a ellos, a los ciudadanos.

Mientras tanto, los medios continúan con su habitual miopía. Ayer, aunque llegaron, lo hicieron tarde. Pretendían silenciar una movilización sin caer en la cuenta, una vez más, de que en la era de las redes sociales ya no se puede silenciar nada ni a nadie. Así que recogieron lo que pudieron, sin mucho empeño (no hay más que leer algunas crónicas en la prensa o ver algunos reportajes de radio y tv) y sin enterarse de nada. Su lentitud, su alejamiento de la realidad y su distanciamiento con la sociedad a la que debían servir les convierten, de nuevo, en carne de cañón, ganándose a pulso el descrédito a base de un vomitivo servilismo político y de un menosprecio constante a todo lo que no venga de una fuente oficial. Mal camino ese, porque su futuro está precisamente en las manos de quienes llaman peyorativamente ninis o antisistema. De quienes han visto, de nuevo, la enorme diferencia entre lo que vivieron y lo que publican los medios.

¿Y ahora, qué? Todavía hay quien piensa que esto pasará. Que ha sido flor de un día. Que todo volverá a ser como siempre. Pobres. No comprenden aún que esta movilización supone que la sociedad civil es consciente, por primera vez en mucho tiempo, de su fortaleza, ni que los internautas son, como se sospechaba, personas con pies, con brazos y con muy buenas gargantas. La ciudadanía exige que se le permita participar, que se le escuche. Porque la democracia es mucho más que dos o tres partidos políticos a los que votar. Gritan que el mundo ha cambiado.

Puede que esta semana no pase nada, ni la siguiente. Puede que hayan de pasar aún muchas más cosas para que los políticos reaccionen. Pasarán. El 15M ha sido solo el comienzo de un gran cambio que se producirá, simplemente, porque tiene que producirse. Porque la política no puede permitirse el lujo de desprestigiarse más. Ni a ella misma ni a nuestra democracia. Tan joven y tan vieja.


A la mierda Montesquieu

La liberté, la egalité y la fraternité vinieron después. El origen de todo, el salto del feudalismo y la tiranía a una sociedad propietaria de sus propios derechos, el germen de la Revolución Francesa lo determinaron los grandes pensadores ilustrados. Entre ellos, Montesquieu, el padre de la separación de poderes como única alternativa al poder absoluto de un rey o de una corte que decidían sobre la vida de los demás sin importarles un pimiento sus problemas o sus inquietudes. Los tres poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, debían estar separados para garantizar que jamás nadie volviera a ostentar el poder absoluto. Hoy, sin embargo, vivimos el día a día sin caer en la cuenta (o sí) de que seguimos igual que hace dos siglos y pico.

“A la mierda Montesquieu”, piensan ellos (sabemos todos). Y mientras pronuncian hermosas palabras sobre la democracia y la libertad, cruzan los dedos y giran la cabeza, y con una mueca despectiva guiñan un ojo al que tienen a su lado, que sonríe.

Bildu me la trae al pairo. Bilbao me pilla a mil kilómetros y me importa un carajo que puedan o no presentarse a las municipales.  Ni a favor ni en contra. Me da igual. Lo que sí me importa es que todos demos por hecho que las teorías de Montesquieu se han ido definitivamente por el váter y asumamos, sin ningún pudor, sin ninguna sorpresa, que todo un Tribunal Constitucional decide sobre lo que es o no es justo en función de una posición política asignada previamente. Jueces del lado progresista y jueces del lado conservador. Jueces para el PSOE y jueces para el PP. Tribunales que pronuncian sentencias en función de quién los ha puesto allí. Partidos políticos que se reparten los jueces como el que se reparte porciones de pizza.

La Justicia española, mal que nos pese, ni es independiente ni es ciega. Se pone la venda por paripé, pero luego nos hace la pirula a todos. La Justicia española se empobrece por momentos y nadie hace nada. Los fiscales hacen la vista gorda cuando conviene, los jueces de los grandes tribunales deciden en virtud de su posición política (más bien partidista), mientras otros protegen a corruptos de trajes y loterías, o ponen a otros compañeros en tela de juicio solo por hacer su trabajo pidiendo las actas del gobierno de turno, o sientan en el banquillo a los otrora amigos para acabar con fulgurantes carreras, o condenan a pagar 1.000 euritos a quien su negligencia ha llevado al asesinato de una pobre niña…

El Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo son lo mismo, porque gobierna quien legisla, y viceversa, mientras el Poder Judicial se mueve según interese al último que gane las elecciones. Y ninguno, aunque pueda, quiere cambiar nada porque a quienes ostentan el poder les conviene este statu quo. Así que aquí estamos, convencidos de la mentira a sabiendas de que es mentira, juntando poderes y mandando a la mierda a Montesquieu, a Rousseau, a Locke y a todos los que después de ellos dieron su sangre y sus vidas por un mundo más justo.