Las conciencias

Lo bueno de las crisis es que encienden las conciencias, sobre todo la conciencia de uno mismo. Lo malo, todo lo demás.

Los hombres no somos tan metafísicos como os creéis. Los grandes cambios de la Historia los ha provocado casi siempre el bolsillo, y alguna vez las ideas. Como norma general: las ideas, cuando el bolsillo se ve afectado. A pesar de esto, ha habido varias crisis económicas en las últimas décadas y ninguna ha propiciado una gran crisis, entendida en su concepto de cambio, posiblemente porque ninguna de ellas haya sido tan radical como ésta o, posiblemente, porque ninguna de ellas se ha desarrollado, como ésta, en una era de tanta libertad y tan fácil acceso y participación en miles de fuentes de información.

Diréis que de qué estoy hablando, si todo sigue igual que siempre. No ha habido cambios, ni revolución. No ha habido nada. Siguen donde estaban. Tenéis razón: es cierto (al menos en España y la vieja Europa), pero tengo la sensación de que la situación va a cambiar. Y espero que sean los jóvenes los grandes protagonistas.

Hay un runrún, o al menos yo lo percibo. El cansancio se generaliza, crece la indignación ante el permanente pisoteo de los derechos, de la verdad y de toda suerte de ética. Ea, ea, ea, la peña se cabrea porque le han tocado el bolsillo y las narices. Quieren cambiar las cosas, quieren participar en la vida democrática sintiéndose algo más que un voto cada cuatro años. Mientras tanto, nuestros políticos siguen tan despistados como siempre, sin percatarse aún de la que se avecina, apoltronados en sus sillones parlamentarios, debatiendo sobre deuda país y mercados, Gürteles y Eres y olvidándose de que casi cinco millones de españoles no trabajan porque no pueden, mientras unos pocos, culpables de todo por negligentes e irresponsables, siguen viviendo a cuerpo de rey y se permiten la potestad de tomar las decisiones que afectan a todos. Ninguna de ellas, casualmente, para su perjuicio. Permanecen quietos porque, creen, Internet no será suficiente para echarlos, porque la mayoría sigue quieta, resignada o cómoda. Y tienen razón.

La palabra es un vehículo para las ideas, más que un arma. Un catalizador, más que un movimiento en sí mismo. Ellos lo saben, como saben (creen que saben) que el bullicio que se arma en blogs y redes sociales a cada barbaridad que hacen o cada manipulación que cometen servirá únicamente de eso: un vehículo de desahogo, y poco más. Siguen ciegos. La gente ya se está moviendo, y se anuncian más frentes. Muchos ciudadanos queremos tomar la calle, conscientes de que está en nuestras manos cambiar las cosas, o al menos demostrarles que deben cambiarlas, y de que ese, el de la calle, es el único camino.

El 15 de mayo tenemos un nuevo asalto. Si no te mueves, les darás dos cosas: la razón, porque eres sólo un quejica que no vas a mover jamás tu culo del asiento, y la venia, para que sigan haciéndolo tan mal como hasta ahora.

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Acerca de pacomuñoz


One response to “Las conciencias

  • Mulet

    Creo que Internet tiene gran parte de la culpa de la desidia actual. Antes, para protestar, había que salir a la calle, conseguir adhesiones y currarse los adoquines, con el consecuente riesgo de que te partiesen la cara. Hoy, en día, con escribir en mayúsculas en un foro, ya hemos alzado la voz…

    El capitalismo me asquea, pero si algo ha de venir después, será sin duda el “masdelomismo”. Así, me conformo con vegetar a la espera de ser abono.

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