Los hartibles

(léase hartible con hache aspirada)

El de Neferkara Pepy, Pepy II, ha sido el reinado más largo de la Historia. Algunos escritos hablan de más de 90 años de gobierno de este buen hombre, considerado el último gran faraón del Imperio Antiguo de Egipto. Tuvo, sin embargo, el enorme problema de que durante su reinado se produjo una paulatina descentralización del poder central en detrimento de los pequeños gobiernos locales, hasta el punto de que, poco después su muerte, el Egipto de los faraones acabó desintegrado.

Pepy II fue haciéndose mayor y cada vez más débil mientras se desvanecía la herencia de sus antepasados. Cuentan las malas lenguas que tan largo fue su reinado que el personal terminó hastiado de ver las mismas caras y escuchar los mismos argumentos, y que aquello acabó destruyendo el sólido edificio construido durante siglos por los grandes faraones.

Es lo que pasa cuando estás demasiado tiempo en el mismo sitio: que acaban echándote a patadas o terminas destruyéndolo todo a base de aburrimiento. En Huelva tenemos muchos. Yo los llamo ‘los hartibles‘ (en andaluz, con hache de hot). Son como los Gremlins: están en todas partes haciendo trastadas. Siempre los mismos: los mismos rostros, las mismas voces, las mismas palabras, los mismos gestos, la misma historia. Una y otra vez. Desde que tengo uso de razón -y de eso hace ya unos cuantos años- veo a las mismas personas en los mismos o distintos puestos: representantes de colectivos, presidentes institucionales, banqueros, hermanos mayores, afamados periodistas, asesores, políticos… siguen ocupando las fotos de los periódicos o las imágenes de televisión. Joder, es que en esta ciudad tenemos familias enteras que se dedican al famoseo patrio, que saben de todo, que están en todo. Doctores Liendre de la fauna local, otro espécimen interesante del que ya hablaremos en otra ocasión.

Todo esto, que podría ser anecdótico, incluso gracioso, no es sino un enorme saco de arena que contrarresta, y mucho, el esperado despegue de Huelva. El hecho de que las mismas personas protagonicen la vida pública de la provincia lo único que propicia es el anquilosamiento. Siempre los mismos debates, nunca las nuevas ideas. Y así nos va. Si estuviera en mi mano cambiar las cosas, no tendría la menor duda de por dónde empezar: echando a los hartibles de una buena patada en el culo, ese que tan bien apoltronado tienen en sus manidos asientos de cuero negro. El mismo que no mueven nunca, más que para salir en la foto o en las estatuas.

Savia nueva, por favor, que no quiero que acabemos como el pobre Neferkara: Asqueando por manío.

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