Archivo mensual: marzo 2011

De perfil a página en dos clics

“Otra vez” – diréis- “nos viene Paco con lo mismo”. No os puedo decir que no. No puedo negarlo. Es mi guerra particular, pero creo que la tengo ganada, al fin, desde hace unos días.

La creación de perfiles personales de Facebook para entes que no son personas, ya lo sabemos, es ilícita. O mejor: no se ajusta a las normas de la red social. Negocios, partidos políticos, páginas web, marcas… atentan contra las cláusulas que ellos mismos han aceptado, así como contra la privacidad de sus ‘amigos’ cuando utilizan los perfiles en lugar de las páginas, una práctica que, además, dice muy poco sobre sus principios, ahora que está tan de moda la RSC, o sobre sus conocimientos, que no sé si es peor.
Continuar leyendo


El disputado voto del diputado

Creo que ya he dicho alguna vez que la verdad, aunque se intuya, siempre duele más cuando se presenta, con toda su crudeza, ante tus narices. Los cables de Wikileaks sobre el caso Couso o la Ley Sinde, que demostraban cómo el gobierno y los sumos miembros de la partitocracia española se pliegan sin rubor ante intereses muy distintos a los de sus conciudadanos son una buena muestra de ello. Hoy nos hemos levantado con un nuevo revés para aquellos que (todavía) creen en los políticos. Una pequeña trampa con la que unos reporteros de The Sunday Times conseguían, haciéndose pasar por asesores de una firma financiera, que un eurodiputado del PP enmendara una ley europea sobre inversiones. Lo hizo, por lo que se ve, si grandes debates internos. Con la promesa de que trabajaría para una compañía asesora con el módico sueldo de 100.000 euros al año, el eurodiputado dio el sí quiero a la primera, al tiempo que alardeaba de poder modificar casi cualquier ley que pase por sus manos. Su enmienda, que es exactamente la que le dictaron los representantes de la firma, efectivamente pasó el trámite parlamentario.Al final, eso sí, el hombre rechazó el dinero prometido, un argumento que esgrime ahora en defensa de su “honradez” ante su partido y ante la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF), que está investigando el caso. Al parecer, la enmienda en sí es una chorrada, así que entre una y otra cosa la historia no pasará a mayores.En realidad, lo peor de este turbio asunto es la constatación de cosas de las que todos sospechamos: los políticos, que representan a los ciudadanos, no representan, sin embargo, sus intereses. La clase política idealista y comprometida que Delibes nos mostraba en El disputado voto del señor Cayo, aquella que trataba (no con poco esfuerzo) de convencer a un hombre rural para que fuera a votar en la España de la transición… Aquella clase política ya no existe. Ahora son los lobbys los que se disputan el voto del político a favor de tal o cual enmienda, de esta ley o de esa otra. La tortilla se ha dado la vuelta, y los quemados son los electores. Aquellos sobre cuyos intereses hay que decidir no son (somos) sino la materia prima, la mano de obra necesaria para llegar al poder y beneficiarse de él. Somos meros instrumentos.Cuando aparecen historias como esta me pregunto hasta qué punto lo que se legisla se hace a merced de los intereses de los lobbys (financieros, mediáticos, sociales…). Si es todo, si no es nada, si sólo es una parte… Hasta qué punto vivimos en una mentira. The Sunday Times, a través de una trampa sin muchas pretensiones, ha destapado una realidad que cada vez está siendo más evidente: para ellos no somos nada, a pesar de se están enriqueciendo a nuestra cosa (con o sin corrupción de por medio).

Aquí, el que suscribe, no tiene más remedio que volver a las andadas.  A pesar de que nos hagan creer que no somos nadie, que no somos capaces de entender los porqués de las grandes decisiones estatales o supranacionales, que existe el voto útil o que son todos iguales… A pesar de todo, seguimos siendo depositarios de la soberanía popular. Seguimos siendo los que ponen y quitan presidentes y gobiernos, los que deciden. Tenemos el voto.

Así que hazte un favor, demuéstrales quién manda y no les votes.

Like This!


Los hartibles

(léase hartible con hache aspirada)

El de Neferkara Pepy, Pepy II, ha sido el reinado más largo de la Historia. Algunos escritos hablan de más de 90 años de gobierno de este buen hombre, considerado el último gran faraón del Imperio Antiguo de Egipto. Tuvo, sin embargo, el enorme problema de que durante su reinado se produjo una paulatina descentralización del poder central en detrimento de los pequeños gobiernos locales, hasta el punto de que, poco después su muerte, el Egipto de los faraones acabó desintegrado.

Pepy II fue haciéndose mayor y cada vez más débil mientras se desvanecía la herencia de sus antepasados. Cuentan las malas lenguas que tan largo fue su reinado que el personal terminó hastiado de ver las mismas caras y escuchar los mismos argumentos, y que aquello acabó destruyendo el sólido edificio construido durante siglos por los grandes faraones.

Es lo que pasa cuando estás demasiado tiempo en el mismo sitio: que acaban echándote a patadas o terminas destruyéndolo todo a base de aburrimiento. En Huelva tenemos muchos. Yo los llamo ‘los hartibles‘ (en andaluz, con hache de hot). Son como los Gremlins: están en todas partes haciendo trastadas. Siempre los mismos: los mismos rostros, las mismas voces, las mismas palabras, los mismos gestos, la misma historia. Una y otra vez. Desde que tengo uso de razón -y de eso hace ya unos cuantos años- veo a las mismas personas en los mismos o distintos puestos: representantes de colectivos, presidentes institucionales, banqueros, hermanos mayores, afamados periodistas, asesores, políticos… siguen ocupando las fotos de los periódicos o las imágenes de televisión. Joder, es que en esta ciudad tenemos familias enteras que se dedican al famoseo patrio, que saben de todo, que están en todo. Doctores Liendre de la fauna local, otro espécimen interesante del que ya hablaremos en otra ocasión.

Todo esto, que podría ser anecdótico, incluso gracioso, no es sino un enorme saco de arena que contrarresta, y mucho, el esperado despegue de Huelva. El hecho de que las mismas personas protagonicen la vida pública de la provincia lo único que propicia es el anquilosamiento. Siempre los mismos debates, nunca las nuevas ideas. Y así nos va. Si estuviera en mi mano cambiar las cosas, no tendría la menor duda de por dónde empezar: echando a los hartibles de una buena patada en el culo, ese que tan bien apoltronado tienen en sus manidos asientos de cuero negro. El mismo que no mueven nunca, más que para salir en la foto o en las estatuas.

Savia nueva, por favor, que no quiero que acabemos como el pobre Neferkara: Asqueando por manío.


¿Cerramos el grifo?

The New York Times cierra el grifo y todos los demás empiezan a correr de un lado para otro, como pollo sin cabeza. Histeria. El prestigioso diario, uno de los líderes mundiales de la información on line, ha pasado a la acción y dentro de unos días cerrará el acceso libre a su publicación. Habrá información en abierto, desde luego, pero ofrecerá diferentes formas de pago, a partir de un número determinado de noticias, a precios relativamente económicos (15 euros la suscripción más barata y 35 la más cara).

Se reabre el debate sobre la gratuidad de la información en Internet. En un tiempo en que las ventas de periódicos siguen cayendo, aunque a menor ritmo que los ingresos publicitarios, los editores se preguntan por qué regalan la información que tanto dinero les cuesta producir. El dilema es evidente: Si no cobran, lo están regalando. Si lo hacen, al cerrar sus contenidos tendrán una menor presencia en buscadores y, en consecuencia, menos visitas. The New York Times ha tomado el camino de en medio: las entradas que se produzcan a través de Facebook y Twitter serán de libre acceso. Demuestran así que han entendido el principio básico de que Internet es compartir, y por eso permiten a sus suscriptores hacerlo sin limitaciones. Aún así es muy posible que pierdan un número considerable de visitas, pero imagino que habrán hecho sus cuentas. Con 48,5 millones de visitantes al mes pueden permitirse el lujo de arriesgar, y las cuentas salen: Tienen más de 7 millones de lectores asiduos, de modo que sólo con la conversión del 1% de los lectores conseguirían importantes ingresos. Pedro J., que abrió con Orbyt la veda en España, ya se ha percatado de que escogió un camino torcido y hace unas horas anunciaba en Twitter el compromiso de su plataforma de permitir que sus suscriptores puedan compartir contenido. Orbyt se estaba (está) convirtiendo en una especie de desierto informativo sin sentido y parece haber encontrado una salida, ya veremos de qué tamaño.

Creo en la información de pago, a pesar de que autorizadas voces crean que el ‘todo gratis’ es la única alternativa para los medios on line porque otra opción limitaría posicionamiento y visitas, y en consecuencia presencia en la Red. Sin presencia, es cierto, no sirve de nada estar en Internet, porque realmente no estarías. Pero ¿no es posible que la información gratuita pueda limitar su calidad? En varias ocasiones en este mismo blog he tratado el problema económico de los medios y cómo esta situación influye en la propia objetividad de la información. Un medio de comunicación sin dinero -casi toda la prensa, en estos momentos- está más cerca de plegarse a determinados intereses que otro con plena capacidad económica. Es el padrenuestro: o pagas las nóminas o te haces el harakiri y vas de independiente. No hay otra.

De modo que no sólo creo que el futuro de la prensa on line pasa por el pago, sino que es una conversión vital para el derecho a una información veraz y objetiva, como lo debe ser una revisión seria de la publicidad que se está haciendo en los medios digitales: acabar con los banners invasivos, segmentar, fomentar lo hiperlocal y el geoposicionamiento… Se trata, en definitiva, de abrir nuevas vías al negocio de la prensa. El papel no está muerto, pero le queda poco. El propio José Manuel Lara, editor de La Razón, da por hecho que en unos años habrá como mucho dos cabeceras nacionales que venderán, en total, unos 30.000 ejemplares, así que imaginad el papelón del resto de medios. No hace falta un master para percatarse de que  el único camino es andar: publicidad y suscripciones a muy buenos precios (esencial) y, sobre todo, una información que los lectores estén dispuestos a pagar. Pero de eso hablaremos otro día.


Tu futuro es tuyo

En el Inem le aconsejan que quite su Doctorado del currículum, si es que quiere encontrar trabajo de reponedor, que es lo anda buscando ahora, después de haber sido rechazado en cada uno de los ¿treinta? despachos de recursos humanos que ha visitado. De sus 26 años, 23 los ha pasado estudiando, preparándose para un futuro que ahora le niegan, que pusieron ante sus ojos para luego arrebatárselo. Y ahora se siente engañado. La tasa de paro juvenil en España triplica a la media mundial, en un país en el que más del 42% de los jóvenes menores de 25 años y casi un tercio de los menores de 30 están pisando las aceras que circundan las oficinas del Inem. Eso, a nivel nacional. En Andalucía la tasa está siete puntos por encima, o sea: la mitad de los jóvenes andaluces no encuentra trabajo.

“Es que estamos en crisis”, dicen los grandes ejecutivos bancarios o los políticos con suerte (y estómago) mientras sacan brillo al parqué de sus mansiones y al capó del Ferrari. Ni recuerdan que ellos fueron también jóvenes. No les importa que los hijos de su generación serán los primeros que vivan peor que sus padres. Durante años los han tenido entretenidos con carrera, másteres y Erasmus, pero, tozuda como siempre, la realidad ha dado la cara para decirle a los jóvenes que todo ha sido una mentira. Que sus miles de horas nocturnas de estudio, sus tesinas y sus prácticas de empresa no sirven para conseguir trabajo, y que cuando sirven es para mostrarles otra realidad igual de dura: los sueldos ínfimos, el abuso, la eventualidad y la certeza de que seguirán encerrados por muchos años en casa de sus padres porque nunca podrán comprar una propia.

Mientras tanto, tú sigues con esperanza y fuerzas para intentarlo una y otra vez. Sigues adelante porque no conoces otro camino. Eres joven y sabes que algún día llegará tu momento, que no siempre será así, aunque te hayan arrebatado el futuro. Aunque no tengas pensión, o te obliguen a pagarte la sanidad, o te bajen el sueldo o te coman a impuestos. Aunque te hayan arrebatado la hipoteca o anulen tus derechos con oscuros intereses, aunque tu vida no vaya a ser un camino de rosas. A costa de todo, pero las cosas mejorarán. Sabes que no existes para ellos, que no buscarán una solución por ti, que te han robado para hacerse ricos.

Pero tu futuro, joven, es solo tuyo, y está en tus manos construirlo. No esperes compasión ni solidaridad. No esperes que piensen en ti ni que actúen en tu nombre. No esperes nada de ellos, porque ellos están cómodos en sus sillones de piel y entretenidos en sus campos de golf. Ellos saben de ti, pero te ignoran. Te llaman generación perdida, tranquilamente, sin hacer nada por remediarlo porque no votáis como los demás. Porque no les interesas.

Y tú, mientras, te rebelas delante de la pantalla de tu ordenador, en tu mundo virtual de tweets y tuentis. ¿Sabes? Lo que ocurre es que tú también estás cómodo en tu silla de escritorio. Finges que crees en lo que dicen (que moverse no sirve para nada, que sois cuatro gatos, que es solo una crisis, que ya pasará) porque te interesa, porque no te apetece indignarte, porque si te indignas tendrás que moverte y estás cansado, porque te han anestesiado durante toda tu vida.

Por suerte, todo lo que está pasando en el mundo te está cambiando. Has visto lo que han hecho los jóvenes como tú en Egipto y Túnez, incluso el primer asalto en Portugal o la revolución que no conoces (porque no te la han contado) en Islandia. Los envidias y te preguntas ¿por qué nosotros no? Yo te lo digo: Estás lo suficientemente enfadado, lo que pides es de auténtica Justicia, no tienes nada que perder, pero te faltan agallas.

El futuro es tuyo. Defiéndelo. Sal a la calle. Como mínimo, seremos dos, porque yo estaré contigo.

El blues de la generación perdida, de Amaral:


Schnauzi

Siempre ha habido mártires. La Historia está llena de ejemplos. Víctimas de una muerte singular en defensa de una causa, o por representarla, y de la sociedad en las que les tocó vivir. Desde Jesucristo hasta Luther King, Espartaco o los miles de mártires cristianos, sus muertes sirvieron como acicate para la propagación universal de sus ideas o como detonante de revoluciones. Mohamed Buzazizi es el último mártir. Decidió suicidarse porque era su último recurso ante la injusticia y, sin quererlo, inició un movimiento social sin precedentes en el mundo árabe y cuyo alcance aún es una incógnita.

Mi mártir es menos conocido, más pequeño y más peludo. Su nombre es Schnauzi, un carrocho de perro que fue torturado de forma cruel e inhumana hasta su muerte, la que, seguro, deseó desde el primer minuto de sufrimiento a manos de un hijo de puta con muchos complejos y varias enfermedades mentales. Seguramente Schnauzi no sabía lo que pasaba. Seguramente, solo sentía un inmenso dolor y una absoluta perplejidad ante la mirada y las manos enfermas del tipo que lo estaba matando a trozos. Probablemente, Schnauzi, que era tan joven, se preguntaba por qué había nacido, para qué estar vivo, por qué sufrir tanto. Asustado, temblando, cavilaba sobre qué había hecho tan mal para merecer tan duro castigo. Imagino que el dolor le haría perder la consciencia muy pronto, con el primer cuchillo o las primeras tenazas, hasta que, al fin, murió. Schnauzi es real. Es un perro, un cachorro. Es el que veis en la fotografía de abajo. Vivía. Caminaba, comía, ladraba, lloraba, olía. Schnauzi no es una leyenda ni una película. Es real y hay gente capaz de hacer lo que le hicieron.

Mi fe en la especie humana es casi ilimitada, pero reconozco que la historia de Schnauzi la torpedeó en los mismísimos cimientos. Hoy, varias semanas y miles de tweets más tarde, mi esperanza se recupera porque, gracias al pequeño Schnauzi, cada día tiene más fuerza un movimiento imparable contra el maltrato a los animales y por la justicia hacia sus víctimas.

Durante su tormento, Schnauzi ni siquiera sabía por qué sufría tanto, no encontraba el sentido a su corta y durísima vida. Hoy ya lo sabemos: nació porque su muerte serviría para ayudar a los demás. Schnauzi fue un mártir, y gracias a su sacrificio deben cambiar las cosas.

Gracias de antemano, pequeño.


Las patitas cortas

Hay muchas cosas que me molestan. Como a todo el mundo, imagino. Pero hay una me irrita especialmente, como a todo el mundo (imagino), y es que me tomen por tonto.

Hay muchos motivos para insistir en que no tengo la más mínima intención de votar a los partidos mayoritarios (PP y PSOE, por orden alfabético para evitar suspicacias). Ni siquiera sé si votaré a los terceros en liza porque creo que es más de lo mismo. Como yo, hay muchos españoles decepcionados con la clase política en general y con el bipartidismo en particular. Cada cual tiene sus argumentos, pero mí me apetece hoy exponer uno que se me antoja esencial: no los votaré porque son unos mentirosos. Con todas las letras (diez, si mis dedos no me traicionan) y toda la mala leche que puedo transmitir, espero, a través de la pantalla de tu ordenador.

Internet tiene algunas cosas malas y muchísimas cosas buenas. Una de ellas (de las buenas) es que se pueden buscar un montón de cosas e incluso se pueden encontrar algunas. A buscar (y encontrar) he dedicado un poco de mi tiempo con el solo objetivo de demostraros lo que digo: Todos mienten, y como la mentira tiene las patitas muy cortas (como las cucarachas), siempre terminamos cogiéndola.

Mienten cuando, siempre cerquita de las elecciones, prometen internet gratuito o maravillosas becas a estudiantes. Mienten cuando garantizan por ley viviendas para todos a buen precio. Mentía Chaves cuando anunciaba a bombo y platillo los dichosos puentes a Punta Umbría (una promesa con la que Perico, por cierto, ya debería haber ganado diez millones) y mentía cuando se aprovechaba de un colectivo como las amas de casa prometiéndole vacaciones y sueldos.

Mintió el gobierno de Aznar, y con él mintió Pedro Rodríguez, cuando anunciaron la nueva estación de tren de Huelva, que supondría un elemento esencial en el ansiado proyecto del AVE Huelva-Sevilla. Previsto, por cierto, en el plan 2000-2007, aunque pronto supimos que por ‘inversión’ se referían al diseño de proyectitos en papel (mojado). Aquel proyecto durmió, como ese otro de los 3.000 puestos de trabajo , el sueño de los justos. Así que luego llegó el gobierno socialista para decirnos que la pesadilla había terminado, y que en 2010 estaría licitado el AVE. Otra mentira a juzgar por lo que sabemos hasta ahora (no os pongo enlaces porque es obvio): tenemos un dibujo de estación, un montón de operarios meneando el terreno y ni un centímetro de vía. Mentía el PSOE cuando pedía enérgicamente al PP que desarrollara el proyecto de aeropuerto en Huelva. Era en 2003 y pedían celeridad. Han tenido que pasar ocho años para que se elija Cartaya como emplazamiento. Ya queda menos…

Hay que reconocerles hasta el sentido del humor. Los políticos nos llevan a situaciones que podrían resultar hilarantes. Por ejemplo, esto y esto. No me negarás que tiene su gracia. Pasan años y legislaturas y cambios de gobierno, y con ellos se produce esta curiosa carrera de relevos: unos piden y otros no dan, para que luego los que no daban, pidan, ante la negativa de quienes antes pedían.

De lo más gracioso si tuviera maldita la gracia.