… buen comunicador será

Mosqueados con el mosquito andan algunos compañeros de profesión. Es normal cuando uno siente que se duda sobre su trabajo. Vaya por delante que no es esa mi intención, y que tan solo trato de poner sobre el tapete en qué punto se encuentra el periodismo hoy y cuáles pueden ser sus caminos para mañana.  No lo he inventado, no es cosa mía: el periodismo pierde credibilidad a borbotones, se muere poco a poco, porque la credibilidad es su sangre, de modo que solo un cambio sustancial en el fondo y en la forma logrará recuperar sus constantes vitales. Mientras tanto, he mantenido en varias entradas del blog, el periodismo ciudadano va tomando fuerza como alternativa para un determinado público que, descreído de los medios tradicionales, busca en estas nuevas fuentes de información lo que no encuentra en los periódicos, aun a riesgo de recibir igualmente una información sesgada o poco fiable. Ni quiero ni puedo, porque no soy nadie, dar lecciones a nadie de cómo hacer periodismo. Tengo, por supuesto, mi propia idea al respecto, pero es solo mía y no pretendo imponerla ni darla por la única buena, aunque sí la ejerceré. Siempre que pueda.

Dicho esto, ha habido un argumento en particular que ha llamado mi atención. El susodicho viene a proponer que un servidor no puede (o no tiene ‘autoridad’, mejor dicho) hablar de objetividad o integridad en el ejercicio del periodismo cuando trabaja en el ámbito de la comunicación, presuponiendo por tanto que esta actividad implica la subjetividad (más otras presunciones que no voy a presuponer). Llevaba tiempo pensando en escribir una entrada acerca del papel del periodista que se dedica a la comunicación (he de decir que hace unos cuatro años que no trabajo en este ámbito) y de algunos de los vicios que, en mi opinión, hacen posible que existan argumentos como el que he descrito aquí arriba.

Para empezar, una obviedad: el periodista que hace comunicación no hace periodismo, sino comunicación. De perogrullo, sí, pero hay que insistir en que son dos funciones muy distintas y, por tanto, trabajan con métodos muy distintos. Primero, porque el destinatario de la comunicación (también aquí está imponiendo grandes cambios el universo 2.o) son precisamente los propios medios: los periodistas. Segundo, porque en comunicación se emite la información de una sola fuente. Tercero, porque la responsabilidad social del periodista es muy superior. Hasta aquí, las diferencias esenciales, porque luego no debe ser tan distinto.

El ‘jefe de prensa’ es en sí mismo una fuente de información, y tiene, como el periodista, la obligación de contar la verdad. Es muy común, sin embargo, que su trabajo sea más bien lidiar con (a) los periodistas para ocultar la verdad, que colaborar con ellos para mostrarla. Se podría escribir mucho sobre esto, pero baste con decir que no debería ser así.

He trabajado cinco intensos años en comunicación corporativa, y llevo casi catorce relacionándome de una forma u otra con gabinetes de prensa, así que he visto casi de todo: estrategias de silencio o de compra de silencios, o argumentos para vender la moto; he visto mentiras, y también medias verdades… Sin embargo, como receptor, primero; emisor, después, o como analista, ahora, he comprobado que lo que de verdad funciona en comunicación es la noticia. Una información que tenga interés, sea verdadera y cuente con la máxima objetividad tiene un gran valor por sí misma. Si esta conducta se repite habitualmente, se genera confianza en el periodista y en el medio. Saben que no se la vas a colar porque te has ganado una credibilidad, de modo que no cuestionan cada cosa que comuniques.

Puede que no podamos controlar el interés de la información que damos de nuestra empresa, producto o institución (vaaale, reconozco que la mayoría de las veces el interés cae por debajo de cero. También se le puede echar imaginación, ojo), pero siempre podemos garantizar que la información sea real y objetiva, teniendo en cuenta siempre, como dije al principio, que emitimos la información de una sola fuente.

Es posible que el del periodista que hace comunicación sea un trabajo de periodismo a medias, incompleto, amputado… Es posible que haya quien piense que se trata de un trabajo meramente publicitario, donde cabe todo. Yo creo que no. Creo que se puede, también, tratar de no ser sesgado cuando se hace comunicación. Creo que es cuestión de actitud, y que además termina esta actitud termina dando mejores resultados. Como en todo, cada maestrillo tendrá su librillo. Este es el mío.

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