Periodismo ciudadano. Una hoja de ruta (I)

Por razones profesionales, cada día me desayuno con algunas decenas de periódicos. Son de todos los colores. Mejores y peores, de izquierdas y de derechas, unos van de frente y otros de soslayo. Sin embargo, algo les une: todos mienten porque ninguno es independiente por más que insistan. Y muchos, además, mienten en muchas más cosas. El periodismo es hoy básicamente un ejercicio de manipulación más o menos creativa. Hay excepciones, como en todo, pero la mayor parte de las historias que nos cuentan hoy los periódicos, las radios o las teles son versiones de la verdad o símplemente la mera transcripción de una nota de prensa, un comunicado o una comparecencia. El periodismo se empobrece por momentos sin que los propios periodistas quieran ni puedan hacer nada al respecto. Hay centenares de ejemplos todos los días que muestran no sólo la comodidad en la que se ha asentado el periodista, fruto posiblemente de una excesiva carga de trabajo y un sueldo ínfimo, sino también, y es lo más preocupante, en la capacidad del medio/editor para la manipulación, las medias verdades o incluso la invención, a cuenta de sus cuentas anuales.

Porque, seamos sinceros, el periodismo se vendió hace mucho tiempo a intereses muy alejados de lo que debería ser su idiosincrasia como servicio al ciudadano. Tanto cuarto poder ha terminado convirtiéndose, a los ojos del mundo de a pie, en un poder real, en parte del sistema y, en consecuencia, con mucho que perder. Y es que el poder, objeto de seducción del hombre desde la Prehistoria, busca su conservación ante todo. Puro instinto de supervivencia que, en el caso del periodismo, está llevándolo a la extinción. Mientras, los ciudadanos, completamente descreídos de los políticos y de los periodistas, empiezan a confiar en sí mismos como fuentes y generadores de información. La universalización de internet contribuyó al nacimiento de los primeros blogs. Los ciudadanos abrían sus puertas al mundo, disponían de un medio de comunicación propio, sencillo y económico, y podían contar lo que quisieran, supieran o pudieran.

Con las redes sociales y se ha producido el estallido del llamado periodismo ciudadano, especialmente en Estados Unidos y América Latina, y de forma muy incipiente en España.
El cuarto poder está camino de ser el primero en ‘democratizarse’ (un concepto muy 2.0), aunque bajo el paraguas del periodismo ciudadano cabe casi de todo. En su nombre, blogs, perfiles de Facebook o páginas webs derraman supuesta información sin interés, subjetiva, o simple opinión. En su nombre, por contra, también hay grandes ejemplos de un ejercicio de periodismo limpio y desinteresado, un periodismo cargado de buenas intenciones al que, eso sí, le faltan aún algunos elementos esenciales para ser periodismo de verdad: calidad en la redacción, escrupulosidad con la información, fuentes contrastadas… Le falta método, al fin y al cabo, que es el objetivo último de la formación y la praxis del periodista, aunque el propio periodista lo haya olvidado. En los próximos días dedicaré una o dos entradas más del blog a profundizar sobre lo que está pasando y puede pasar con el periodismo tradicional y ofreceré una perspectiva, muy a mi manera, de lo que debe ser y hacia dónde debe ir el periodismo ciudadano, si es que realmente ese es el camino que hay que seguir para que la verdad vuelva a nuestras vidas.

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