Mi padre

Escribí esto hace cinco años. Han pasado muchas cosas desde entonces, pero afortunadamente ninguna tan mala como la de aquel 27 de enero. Llovía, por cierto, mucho más que hoy (llovía a mares).

Seguramente, cinco años después escribiría otras cosas, o de otra forma, pero creo que si escribí esto es porque debía hacerlo.

Para quien no tuvo la suerte de conocer a mi padre, o para recordárselo a quien lo conoció.

Mi padre

Muchas veces he pensado en este momento, el de enfrentarme a un folio en blanco para escribir sobre mi padre. He pensado mucho en ello, pero nunca me planteé qué hacer cuando llegara el día. Ahora me veo en la tesitura, y no me queda otra que empezar diciendo que mi padre no era mi amigo: era mi padre, y como tal ejerció su papel a sabiendas de que debía convertirme en un hombre. Yo lo sabía, y así ejercí de hijo, lo mejor que pude, hasta que mi padre fue padre de un hombre y, aún siendo hijo, empecé a comportarme como un hombre.

Mi padre fue una buena persona, un buen amigo de los muchos que tuvo y, sobre todo, un buen padre. Exigente siempre, duro cuando fue necesario, entregado a sus hijos toda su vida, y también a su trabajo, y a mi madre. Vivió como pudo lo mejor que pudo, sin saber que la vida le iba a deparar tan malos momentos, y aún en los malos momentos luchó por seguir viviendo, de nuevo como pudo, hasta que no pudo más.

El largo y sin embargo corto camino de su vida lo trazó recto, y en mitad de aquella senda me encuentro caminando ahora, sin su compañía pero sabiendo que mira cada paso que doy con el solo objetivo de ser como él. Mi padre fue un hombre ejemplar, y su ejemplo brilla con luz propia para alumbrarme, y me gusta seguir su estela aún sabiendo que nunca llegaré a ser como él, pero que al menos lo intentaré. Sigo sintiéndolo a mi lado, observando lo que hago de forma callada, esperando a que me tropiece y me levante por mí mismo, mirando cómo vivo, cómo trabajo, cómo siento, pienso o hablo. Mi padre sigue conmigo aguardando el momento en el que ofrecerme su ayuda, que siempre fue sincera y por la que jamás pidió contrapartida.

Mi padre empezó a trabajar cuando apenas era un adolescente, lo propio de la época, y desde entonces siguió por el mismo camino en el que decidió andar con tan sólo 14 años de edad, el de la rectitud, el tesón, el compañerismo… el del trabajo y la entrega a su familia, a toda cuán grande era. Decidió que ayudar a los demás era una buena forma de sentirse bien consigo mismo y con el mundo, y así anduvo entregando su empeño y su tiempo a todos los que por el motivo que fuera se lo pedían. Siempre sin pedir nada a cambio, siempre tenaz, siempre eficaz. Logró enderezar alguna que otra vida que se había truncado, y nunca se llevo nada ni nadie por el camino. No le conozco enemigo, ni siquiera le recuerdo sintiendo alguna vez rencor ni ánimo de venganza, tampoco con quien le hizo mal, que los hubo, aunque pocos.

Mi padre sufrió callado su dolor cuando todo se torció, y sólo cuando no podía más nos hacía partícipes de su sufrimiento: con su sola mirada todos sabíamos que ya no atisbaba el final recto de su camino, pero estaba ahí, más cerca de lo que todos creíamos y hubiéramos deseado. Así, callado, asumiéndolo él solo, amortiguó siempre para nosotros los golpes de la vida. No recuerdo la pobreza, cuando la hubo, ni hipotecas ni cuentas en rojo. Entre él y mi madre se las apañaban para que viviéramos bien a pesar de los vaivenes de la vida, llevándonos de la mano hasta donde pudiéramos andar solos, y en eso sigo yo ahora, triste, muy triste, porque ya lo echo de menos, porque su ausencia deja un hueco enorme en mí y en otros muchos, porque sin su presencia ya no tengo a quién mirar para pedir consejo.

Fue sobre todo un hombre bueno, tan simple como difícil de encontrar. Estoy seguro de que jamás sintió el más mínimo atisbo de egoísmo: todo lo dio por los demás, por su trabajo, su familia y sus amigos. Era feliz haciendo el bien, tratando de que la vida fuera un poco mejor para los demás, o al menos más justa, aunque en el trecho final con él cometió la mayor de las injusticias. Fue castigado duramente al final, y no lo merecía.

Desde hace años, decía, me he planteado cómo afrontaría el momento de escribir sobre mi padre, pero nunca pensé que llegaría, o al menos que lo haría tan pronto, porque aún le quedaba mucho por disfrutar. Lamento ahora los momentos perdidos, las conversaciones no mantenidas, la charla de amigos que nunca mantuve con él, pero también sé que nunca hizo falta hablar, que tanto él como yo sabíamos lo que pensábamos el uno del otro. Me quedo con la satisfacción de que sólo unos días antes de su muerte me miraba con enorme orgullo y sonrisa abierta, orgulloso de su hijo, del pequeño. Había acabado su trabajo. Quizás por  eso decidió que había llegado la hora, y se marchó dejándonos a todos el vacío de su ausencia.

Sé que hay mucho más que decir sobre mi padre, pero no me apetece seguir llorando y hay otras personas que pueden seguir haciéndolo por mí. Sólo quiero dar las gracias a todos los que nos han apoyado, a mí y a los míos. Familiares, amigos y conocidos. En especial a Fernando Merchán, por todo lo que ha hecho (dices que era de justicia, pero hacía falta alguien justo que lo hiciera)  y a los trabajadores de la planta de Nefrología del hospital Juan Ramón Jiménez, médicos, enfermeras y personal de servicios, por su enorme calidad humana y sus atenciones. El siempre tuvo palabras de elogio para vosotros.

Mi padre ya no está, pero trataré de seguir el camino que me indicó. Es recto y sencillo. Sólo se trata de ser buena persona. Tan bueno fue que, incluso cuando ya no estaba, logró atar algunos cabos sueltos.

Descansa, papá, que ya me encargo yo de seguir el trabajo.

 

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Acerca de pacomuñoz


3 responses to “Mi padre

  • eer la carta dirigida a tu padre Tina Alija

    Hola soy Tina , y por indicacion de Merche acabo de leer la carta dirigida a tu padre , perdona soy la hermana de Miguel, he estado estos dias en contacto con ella pues esta muy desanimada y me conto lo de vuestro padre yo no sabia como habia ido ,por lo que tu escribes y lo que merche me conto podeis estar orgullosos de como el lo llevo ,pocas personas saben afrontar algo y no hacer daño a las personas que tienen cerca ,es una manera admirable de demostraros su cariño ,a mi tu carta me ha emocionado “como no “simplemente deciros que teneis todo nuestro apoyo, un abrazo para toda la famili “y un besazo para Merche que ahora necesita muchas fuerzas , adeu.

  • El arte de morir « La estrategia del mosquito

    […] muerte tiene su parte buena. La de mi padre, por ejemplo, me enseñó un par de cosas sobre la vida: La primera fue tajante: para morirse no […]

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