Archivo mensual: diciembre 2010

Más de 100 razones

Acaba un año, y con él una década, y con ella una época.
Los primeros dosmiles pasarán en horas a la historia, para algunos
más negros, para otros más blancos. Siempre ha habido gustos. 2010
fue el año de la crisis y de los recortes, y el del sueldo de los
funcionarios. El año de la huelga incompleta. Zapatero se hizo
mayor y descubrió en sus carnes lo dura que es la vida cuando le da
por ponerse dura. En 2010 descubrimos lo que era el Estado de
Alerta, el Ejército subió a las torres de control y bajamos a los
controladores a los infiernos en el año de la consagración de las
redes sociales en España. El mundo 2.0 formó en 2010 parte de
nuestra realidad cotidiana, y la ciudadanía digital logró su primer
e histórico triunfo contra la política tradicional tumbando la ‘ley
Sinde’. A golpe de Waka-Waka ganamos un Mundial. Inmensa alegría
(la única) de una nación inmersa en la tristeza y la depresión,
económica y anímica. Haití tembló y descubríamos que Obama no era
para tanto, por mucho que Michele se paseara por Marbella. El
volcán innombrable paralizaba Europa (se está investigando si la
erupción fue cosa de los controladores) y formaba un tangai digno
de una película del fallecido Berlanga. Los mineros chilenos nos
tuvieron dos meses con el alma en vilo en el año en que cayeron, de
nuevo, varios jefes de una ETA medio muerta. En 2010 descubrimos a
las agencias de rating. Fitch y Moody’s se hicieron de repente
famosas en el mundo entero merced a sus cabronadas con bancos,
cajas y países enteros. Algunos incluso tuvieron que ser
rescatados. Puestos a dar por culo, los catalanes prohibieron la
fiesta de los toros, mientras en Andalucía construíamos una barrera
de defensa institucional tal que parece que se nos fuera la vida en
la torería, precisamente en el mismo año en
que Griñán se iba a Madrid para decirle al mundo que Andalucía no
era solo toros y flamenco, al fin Patrimonio nosequé de la
Humanidad. En nuestra tierra hubo buena movida. Este ha sido el año
de la revuelta de los funcionarios. Los cimientos del ‘régimen’
andaluz se tambaleaban entre pitadas, manifestaciones y encierros
contra el decretazo de Griñán, que tiene toda
la pinta de pasar a la historia como el primer candidato socialista
en perder una elecciones a la Junta de Andalucía. Chaves se
borró antes de que pudiera tocarle a él.
Muchos tiros que tiene el hombre… En Huelva sin duda 2010 fue el
año del AVE. ¿De qué AVE? De ningún AVE. Fue el año de los puentes
(de ningún puente), del aeropuerto (de ningún aeropuerto), de la
venta de la empresa municipal de aguas para pagar deudas (¿se han
pagado? No), del aterrizaje de la política municipal 2.0, con un
Perico entregado a la causa y una Petronila que no lo pilla. El
mundo del periodismo se dio de bruces con un futuro imparable.
Llegó Steve Jobs con su Ipad (como dice mi amigo Fali, una cosa es
el marketing y otra la ortografía) y los periódicos se echaron las
manos a la cabeza: “¿Pero qué hemos estado haciendo hasta
ahora?”
, se decían mientras inventaban mil nuevas formas
de llegar a un público entregado al mundo del internet móvil y las
tabletas. Ha sido un año de cambios tecnológicos a golpe de
androides y, sobre todo, de manzanas. Un año para un salto que era
necesario, una evolución tan rápida que se hizo revolución. Hasta
yo, al fin, le di vida al blog. Volví a escribir después de mucho
tiempo, aparté mi escepticismo en torno a las redes sociales y me
hice de nuevos amigos, aunque también recuperé a algunos viejos y,
por supuesto, mantuve a los de siempre. Me hice titopapá
por un tiempo, llegó un nuevo y emplumado miembro a la
familia, volví a Madrid (y volví a Madrid) y también a Asturias, me
propuse hacer cosas nuevas y las hice. Sembré un futuro que en 2011
será una realidad. Pasé malos momentos, y muchos buenos, seguimos
siendo ‘jartibles’ (hasta la saciedad). Mejoré
en la cocina y, aunque no llego al nivel del maestro Alija, ya casi
me llaman chefpaco. Mi empresa sigue en pie, a
pesar de todo, y yo y los míos estamos más bien que mal, aunque me
gustaría que estuviéramos mejor. Acaba un año más en una vida que
sigue. Muchos, desgraciadamente, no podrán ver la llegada de 2011 y
de una nueva década (¿la década de los ‘diez’?), así que démonos
con un canto en los dientes porque sigamos aquí, y disfrutemos, y
suframos, las más de 100 razones que nos hacen seguir avanzando
cada día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y así
365 veces durante todo un año. Y que sean muchos. Nota: Por favor,
acompáñese la lectura con esta canción. Todo un himno.

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Lo que la verdad escuece

Alguno habrá pensado: valiente pirata está hecho el Paco, que decide no votar a Zapatero por haberle hecho la puñeta con la ‘ley Sinde’. A ese, y al resto, les digo que no, que no es eso, primero porque la ‘pirula’ que nos quiere meter ZP es un ataque a la libertad y los principios básicos de Internet más que al pirateo (si cierran una web pirata, mañana se abre en otro país con otra IP). Segundo, porque cuando escribí mi anterior post, decidí dejar lo mejor para después.

O lo peor, más bien.

Como os dije, no hay peor golpe que el de la realidad cuando, tan dura como es, pone ante tus ojos aquello que siempre has creído, pero has negado por miedo a que realmente lo que piensas sea como lo piensas. Este galimatías tiene su sentido. Una aseveración que sirva de ejemplo: los gobiernos controlan la Justicia. Aunque tengas tus sospechas, lo niegas, porque sabes que si fuera verdad supondría el derrumbe de gran parte de las cosas en las que crees. Segunda idea: los gobiernos ponen cualquier otro interés por encima de las personas. No puede ser, porque los gobiernos son personas, y las personas son buenas. Porque si fuera así, ¿para qué votar, entonces? ¿Para qué dar el poder a quien no sabe usarlo o va a usarlo mal? Tercera: los gobiernos socialistas son progresistas. De lo contrario, ¿qué diferencia hay entre votar a unos y a otros? Peor aún ¿para qué las ideologías? La cuarta y última afirmación: los gobiernos engañan y manipulan a sus ciudadanos. En un país democrático, el gobierno de turno está controlado por un Parlamento que ostenta el poder Legislativo y por una Justicia independiente. Esta separación de poderes, junto a la presencia de partidos de oposición, garantiza que la mentira, la manipulación, la utilización de la Justicia o la construcción de leyes a medida, por encima de derechos fundamentales, son tarea imposible.

Así debería ser, salvo cuando todo se corrompe.

La verdad siempre debe ser conocida. Aunque escueza, aunque duela  o aturda. Y la verdad dice que el Gobierno, la Fiscalía y EEUU conspiraron para que no se hiciera justicia y se diera carpetazo al caso del cámara de Telecinco José Couso, asesinado por soldados norteamericanos. No me gustaría estar en el pellejo de su familia cuando descubrió hace unos días que sus más temidas sospechas se confirmaban, que SU gobierno, sus políticos, preferían la ocultación y la mentira antes que defender la justicia más elemental para uno de sus conciudadanos merced a unos intereses por descubrir, aunque me los imagino. El hermano de Couso acusa directamente al Ejecutivo español de connivencia en la ocultación de delitos. Los cables filtrados por Wikileaks (no tienen desperdicio) así lo demuestran.

Yo, por mi parte, siento vergüenza y estupor. Vergüenza, porque me sé responsable en parte al contribuir con mi voto a esta manipulación. Estupor lo siento cuando descubro la asombrosa capacidad que tiene el gobierno para mentir. Lo peor es que no es sólo ZP, ni De la Vega: son todos. Hoy hemos sabido que la Embajada americana ‘medió’ ante PP, CiU y PNV a petición de González Sinde (quien, por otra parte, ejerce a pesar de un clarísimo conflicto de intereses) . Incluso Miguel Sebastián pedió expresamente que ‘parasen’ a Esperanza Aguirre por alinearse con el bando equivocado. Debieron funcionar las presiones de EEUU sobre estos partidos, habida cuenta del lamentable silencio que han mantenido al respecto de esta ley contra la libertad en Internet.

Desde que cumplí los dieciocho he acudido religiosamente a las urnas a elegir la opción política en la que creía en cada momento. Esta vez también iré, aunque para abstenerme. No voy a entregar, sin embargo, un voto en blanco. Meteré en el sobre una enorme papeleta en la que se lea claramente: “Muy señores míos: Os va a votar vuestra puta madre”.


ZP, mentiras y cables

Uno, que es muy suyo, siempre ha desconfiado de las teorías de la conspiración. Me han parecido descabelladas en su mayoría, paranoicas gran parte y poco creíbles casi todas. Pero ahora llega Wikileaks y te lo jode todo, compadre.

Las miles de filtraciones del tito Assange son el más duro golpe moral que ha recibido en años la ciudadanía de a pie en todo el mundo. Más incluso que la crisis, que al fin y al cabo es una más de tantas. Creo que no hay trauma mayor que el que transcurre cuando te das de narices contra la realidad, y eso es lo que ha hecho Wikileaks: ponernos delante un murazo de hormigón armao para que nos demos el leñazo en toda la cara. Todos hemos pensado muchas veces aquello de “los americanos se venden a las petroleras”, incluso con el espinoso asunto de la gripe A culpamos a las farmacéuticas. Pero todos sabemos (sabíamos) que esto es más un entretenimiento que una realidad, un tema ideal para el debate después de unas copas, pero para poco más. Y llega Wikileaks y te dice: “¿te acuerdas todas esas chorradas que decías? Pues son verdad”.

Te quedas con cara de tonto. Plantado frente a una realidad vergonzosa que te confirma como un títere a manos de los poderosos. Lo que sabías, pero confirmado. Te lo han dicho en tu cara, y eso jode una barbaridad. Sin embargo, entre todos ellos han conseguido que el asunto no vaya a mayores, evitando que se monte el tangai espectacular que se merecería esta demostración del deplorable comportamiento de los que nos gobiernan.

Ya en algunos foros mostré cierta tendencia paranoide sobre el mamoneo de los controladores el puente de la Inmaculada. Me pareció que el Gobierno rozaba lo sublime con su estrategia: Aprobar el dichoso Decreto (¿no hay muchos decretos últimamente?) a sabiendas de la que se iba a liar para así escenificar un justificado golpe militar en los aeropuertos, para estupefacción y jiñe colectivo del colectivo más odiado de España (no sé si por detrás o por delante de la SGAE). Sin embargo la estrategia era doble, porque cumplía otro objetivo: crear una cortina de humo espectacular para que no viéramos la auténtica vergüenza nacional: los cables que demuestran que la ‘ley Sinde’ es una verdadera bajada de pantalones del Gobierno español ante los intereses de la industria norteamericana.

Resulta bochornosa, por no mentar palabras mayores, ni a las familias de nadie, la constatación de que EEUU, con la connivencia y complicidad del Gobierno de ZP, diseñara una ley antidescargas al servicio de las industrias ‘culturales’ norteamericanas y contra derechos fundamentales recogidos en nuestra Constitución, como la libertad de expresión o el derecho a un juicio justo. Moncloa se ha bajado los pantalones merced, entre otras cosas, a la obsesiva pretensión de ZP de hacerse con la amistad de míster Obama (imagino que por aquello de la fabulosa coincidencia interplanetaria que decía Pajín), aunque también, y así lo dicen los cables interceptados por Wikileaks, por su ‘sensibilidad’ con la industria cultural española, osease los de ‘la ceja’.

Lástima que toda esta información haya pasado prácticamente sin pena ni gloria (os recuerdo que después de los controladores llegó la chorrada de la operación Galgo), que el Gobierno nos vaya a colar la Ley Sinde por la puerta de atrás para convertirnos a todos en presuntos delincuentes (con normas hasta ahora aplicadas únicamente a terroristas), que se haya demostrado que toda la parafernalia de discursos en pro del desarrollo cultural era una pantomima, una burda manipulación. Lástima que al final no pase nada y que por mucho que ocurra, por mucho que se demuestre, por muchas conspiraciones que se descubran, los ciudadanos seguiremos siendo meras marionetas en manos de los poderosos, impotentes y maleables.

Eso sí, siempre hay una última palabra. La mía será no votar esta vez a ZP. Más allá de su pésima gestión de la crisis que negó, me ha defraudado en lo más importante: las ideas, porque creí en él y en que era posible otra forma de hacer las cosas. Ahora sé (gracias, Wikileaks) que no era más que la máscara de un mentiroso.

Más información:

http://bit.ly/eBiWso (reportaje de El País sobre el ‘cablegate’ y la Ley Sinde

http://noticias.lainformacion.com/espana/el-congreso-aprobara-de-forma-expres-la-ley-sinde_NFJ6eWkVV83K0f7i7Q9R21/


Noche de Reyes

Hay quien piensa que soy una especie de piedra sin sentimientos. No les quito la razón, porque a veces puedo parecerlo. En ocasiones acumulo tal sangre fría que se me hiela el cuerpo; en otras, simplemente lo aparento cuando la situación lo requiere. Pero vamos, que no soy una piedra, conste: es sólo que yo digo lo que todo el mundo hace. Vivo prácticamente como cualquiera: me importa lo mío aunque me interesen muchas cosas y no me siento culpable por ser egoísta. Cierto es que, en el fondo, late siempre una intención, nunca satisfecha del todo, de solidaridad y ayuda a los demás. Pero, como en la canción, está en el aire aunque se vive mejor en el sofá. Así es la vida.

Confieso, sin embargo, que cada noche de Reyes me cuesta trabajo echarme a dormir, y que el 6 de enero madrugo y me acerco nervioso al salón para buscar mis regalos. Hoy, por ejemplo, me he despertado de la siesta tarareando Con un poco de azúcar, de Mary Poppins, y recordando navidades pasadas, como cuando vi Regreso al futuro por primera vez (desde entonces irán como unas cuarenta), creo que en el Palacio del Cine, con mi hermana y mi primo; o cuando se montaban unas juergas familiares de campeonato en mi casa (una pena que un servidor fuera tan niño) y mi padre, guitarra en alto, tocaba –aporreaba, sería el verbo- algún fandango para que se arrancara mi tío Juan, que tampoco era Toronjo, precisamente. Me he despertado con ganas de agradar, de pasear y ver gente, de hablar con viejos amigos o incluso de echar una mano donde haga falta. Con espíritu navideño, vamos.

Tardes como la de hoy, incluso días enteros, los vivo a menudo en navidades. A pesar del egoísmo innato de la especie humana, a pesar del dinero y la crisis, del despilfarro y la pobreza, del paro, de la violencia, a pesar de la enfermedad, a pesar de los que ya no están, a pesar de la ñoñería y la enorme tristeza que acompañan siempre estas fechas… A pesar de todo, sigo viendo en la Navidad una puerta abierta a la esperanza, un periodo, pequeño e intenso, en el que la gente se torna más humana (o menos humana, quizás) y es capaz de hacer cosas extraordinarias, como aquella tregua en el frente occidental en 1914, cuando en plena refriega mundial los soldados aliados y los del imperio alemán decidieron tomarse un respiro a golpe de villancico. Paz por un día en una guerra que mató a más 8 millones de personas.

Merece la pena hacer el esfuerzo de ser mejor en Navidad, y aunque sería mucho más bonito que el ‘espíritu navideño’ durara para siempre, no es menos cierto que un día bueno es mejor que ninguno, o que uno malo.

Así que, mientras haya un arbolito y un belén en mi casa, conservaré la certeza de que aún no soy una piedra. Amén.


Cavilaciones del picudo que llegó en AVE

Se sabe que vino desde Egipto, aunque nadie conoce como llegó. Yo sí.

Al menos en su periplo español, el picudo rojo vino a Huelva en AVE, claro que antes se topó con que el camino se acababa en Sevilla. Un año antes había leído esto y pensó que a estas alturas bastaría con un billete para llegar desde Madrid. Aún así, alcanzó tierras españolas y pudo leer esto otro, que era lo mismo, pero un año después, y se preguntó: “Dios mío, dónde me he metido”. Total, que vino a parar a Huelva, para comerse palmeras, con más hambre que Carpanta y mucho tino, porque sin quererlo terminó siendo el protagonista de la vida política de la ciudad.

Uno se pregunta si de verdad los políticos asimilan lo que dicen, o sólo sueltan cosas por la boca, que ni ellos escuchan, como los teleoperadores de las compañías telefónicas. Esto viene a cuento del último estudio mega-sociopolítico-de-los-que-nos-dicen-cómo-somos, que viene a insinuar que los jóvenes pasan de la política más que de sus padres, que los políticos tienen menos credibilidad que un billete de 30 euros. Ellos se lamentan, hacen como que se entristecen mucho, simulan que quieren cambiar las cosas… y luego siguen como siempre.

Empieza la precampaña en Huelva. El PSOE concentra su actividad política en el gran proyecto de exterminación del picudo rojo y la enésima llegada del AVE. Ellos lo harán mejor que Perico, dicen, que es el culpable de todo. Aseguran que, gracias a ellos, llegará a Huelva la alta velocidad. Para eso construyen antes la estación que la vía, y así hacen la puñeta al alcalde merced al retraso con las expropiaciones de Las Metas. Mientras tanto, anuncian (el picudo lo leyó, lo tenéis ahí arriba) lo mismo que hace un año, y aquel año anunciaron lo mismo que el año anterior. Y el personal, que no se chupa el dedo (excepción hecha de los habituales ‘apasionados’ políticos, que son ciegos y sordos, aunque no mudos) se pregunta si los gilipollas son ellos mismos o los que los toman por tales.

Por su parte, el picudo, en su mundo palmeril, observa cómo su careto sale cada día en los periódicos. Está acostumbrado a eso, porque lo ha hecho ya en muchas ciudades, pero nunca se ha visto tan amenazado. Resulta que, al parecer, el picudo rojo, que se ha cargado las palmeras de media España, ha encontrado al fin a su mejor oponente en el PSOE de Huelva. Como lo oyen. El picudo se asusta, lógico, y se pregunta qué tipo de arma mortífera utilizan los socialistas onubenses para que no haya nadie de su especie en La Rábida. Más le asombra, sin embargo, por qué no se la pasan al alcalde para que haga lo propio.

Perico sigue en su nube de onubensismo. Siempre le dio buen resultado, incluso consiguió, merced a este concepto tan suyo, despertar a parte de una sociedad que estaba dormida y que se desarrollara cierto concepto de amor propio en los onubenses. A golpe de fandango, Cinta y Conquero. A golpe de cofradía y patrón. A golpe de populismo, Perico pretende satisfacer las necesidades de una Huelva insatisfecha, inquieta y en paro. Su proyecto precampañeril va de corazones y banderas blanquiazules, mientras olvida a los proveedores arruinados o a las fábricas cerradas.

Así, el picudo se pregunta cómo una ciudad puede aguantar tanto cuento sin rebelarse. Y yo, que no conozco al picudo, coincido con él. Huelva está abandonada a su suerte, lo que hay que agradecer a una clase política que no ve más allá de sus propias (y enormes) narices partidistas. El picudo se asombra, yo también, de que ninguno de los previsibles alcaldes, Perico y Petro (esto me recuerda a algún cómic) hayan insinuado lo más mínimo sobre cómo hacer que Huelva salga de la enorme depresión económica que sufre. Es posible hacer algo nuevo en nuestra ciudad. Hay personas y conocimiento suficientes, hay tecnología, investigación, posibilidades… Pero no hay propuestas, no hay proyecto… No hay ideas. Y sin ideas, amigos, ¿para qué sirve un político?