La silicona explota

Ayer no hice huelga. No me dio la gana. Imagino que como al 25 por ciento (sic) de los españoles que, según los sindicatos UGT y CCOO, nos convertimos en esquiroles por un día y pasamos de su convocatoria de huelga general. Imagino que como a bastante más de la mitad del 75% restante, que no fue a trabajar porque no tuvo más cojones.

La huelga del miedo en pleno siglo XXI. Decía hoy lainformacion.com, creo que con mucho acierto, que el sindicalismo del siglo XIX no servía para el trabajador de la nueva era. Eso sí, las viejas técnicas de la coacción y la amenaza siguen funcionando, y si no que se lo pregunten a aquellos comerciantes que, llaves en mano, abrían y cerraban sus establecimientos al paso vaivén de los piquetes. Con esa triste bandera manejaron ayer los sindicatos SU huelga.

Pero la silicona explota. No puedo asegurar que ocurriera aquello con Ana Obregón y otras estrellas siliconadas de la tele, pero esta mañana la sede de UGT en Huelva amanecía con una sorpresa, un cerrajero y el cachondeo general de todo el que pasaba por allí. Alguien, al que me gustaría conocer, se había transformado en brazo ejecutor de la venganza de los esquiroles y cumplía los sueños más perversos de miles de trabajadores españoles inundando con un buen pegote de silicona el cierre de la casa ugetista.

A ver, no es que me alegre. Se trata al fin y al cabo de un acto vandálico (como los que se sucedieron, uno tras otro tras otro tras otro, en todas las ciudades del país de la mano de los piquetes). Sin embargo, creo que simboliza en buena parte mi opinión sobre la huelga general y sus consecuencias. A sabiendas de que la convocatoria del 29-S no iba a tener éxito, el camino elegido por los sindicatos fue el de la agresión y la amenaza, el savoir faire de la camorra, el estilo de El Padrino. Aunque pudiera salirles más o menos bien (nadie quiere que le partan la cara, y menos por ir al trabajo), la visión estratégica de los sindicatos no puede tacharse más que de estúpida. Si ya tenían desviado el apoyo social, ahora lo han perdido. Se han creado enemigos en su propia clase. La han cagado.

Los sindicatos españoles llevan años con una miopía social galopante. No se dan cuenta de que ya no somos los de antes, que el trabajador del siglo XXI tiene otras inquietudes, otro nivel, otra cultura, otras formas de hacer las cosas. No asumen que los tiempos han cambiado, que la información está en todas partes y que ya no engañan a nadie. No han evolucionado.

(Bueno, alto, alto. Ellos sí que han evolucionado: ahora viajan en cruceros de lujo, reciben dietas estratosféricas y ya incluso pueden enchufar a sus parientes)

Los sindicatos se han convertido en una administración más del Estado, con sus funciones-paripé bien definidas. Ahora son una suerte entre partido político y brazo administrativo, sin nada que decir y mucho que callar, que ha vendido todo su pescado en esta huelga a sabiendas de que sería inútil y que servirá únicamente para quedar bien ante una sociedad que ha reclamado su presencia durante dos años, ante esa a la que escuchaban por el oído izquierdo mientras atendían, por el derecho, las dulces palabras del apoltronamiento. Eso mientras los trabajadores eran despedidos en masa, o veían mermadas sus condiciones laborales, o perdían sus casas y sus coches, o guardaban el orgullo en un cajón camino al comedor social. Todo eso pasaba mientras los sindicatos discutían sobre subvenciones y díazferranes.

Aún creo en los sindicatos, pero no en los de ahora. A esos no los quiero. Yo quiero a las bases, al delegado peleón de la pequeña empresa, también al directivo que busca siempre mejorar las condiciones de su gente, al mediano dirigente sindicalista que está en todas partes, guerrero, curtido y hábil negociador. Yo quiero al sindicalista honrado y cabal, y no quiero al liberado que quema las horas en los bares, ni al dirigente en Mercedes, ni al de la silicona.

A este último no lo quiero ni cerca, no sea que le explote en las manos.

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Acerca de pacomuñoz


2 responses to “La silicona explota

  • Óscar Salvatella

    Todavía estoy esperando que aparte de la opinión dada del papel de los sindicatos en la pasada huelga general, que ya veremos hasta que punto será beneficiosa o no, nos des tú opinión de la posición de un gobierno de “izquierdas” que pretende abaratar el despido y de los “piquetes encubiertos” de algunos empresarios y empresas que amedrantaron a sus trabajadores, que conscientes del panorama laboral andan con el rabo entre las piernas…

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